Cuerpo místico
MARIA CLAUDIA MOLANO
En busca del cuerpo

El cuerpo se convierte en un elemento obsesivo para la mística “en todos los casos que se trate de reformar una Iglesia, de fundar una comunidad, de edificar una “vida” (espiritual) o de preparar (se) un “cuerpo glorioso”, la producción de un cuerpo desempeña un papel esencial en la mística”1. A lo largo de la historia de la Iglesia, el cuerpo cobra importancia como metáfora. El primer cuerpo observado desde los inicios del cristianismo es el de Cristo El salvador. De acuerdo a los escritos de San Pablo y a otros libros de La Biblia, se hace esta alusión para explicar con una analogía muy clara: la unidad de la Iglesia, las funciones de los miembros, el hecho de ser Cristo la cabeza que dirige, entre otros dogmas 2.

Mística es una palabra griega asociada desde sus raíces etimológicas a los conceptos de secreto y misterio 3. De a cuerdo a Torquemada, la concepción paulina de esta palabra también se asocia a: sagrado, divino, oculto y figurativo 4. De todas las anteriores acepciones llaman la atención para este estudio las dos últimas, pues dan indicios del carácter velado: espiritual, santo, desconocido pero físico: real, mortal, humano que tiene el cuerpo para la iglesia. La naturaleza compleja de esta visión del cuerpo místico es evidenciada por Michel de Certeau en dos pasajes de la Biblia: “Este es mi cuerpo” y “no se donde lo han puesto”5.

Para la primera Escritura, que corresponde a la Última Cena, Cristo mismo presenta su cuerpo que es bebido y consumido en la Eucaristía, se establece una relación matérica del cuerpo y el espíritu a partir de un ritual que posteriormente va a ser repetido cada misa. En la segunda Escritura corresponde al momento posterior a la muerte de Cristo, María Magdalena responde que no sabe donde han puesto al maestro. El cuerpo desaparecido de Cristo esclarece en alguna de sus dimensiones la permanente búsqueda de “el cuerpo” por parte de la mística.

La expresión “Corpus mysticum” se puede rastrear hacia fines de la Edad Media a partir de estudios teológicos como el de Lubac 6. Para ese momento se desarrolla la búsqueda de la iglesia hacia una forma social, un cuerpo que contenga y encarne la teología, el discurso. Más adelante, hacia la segunda mitad del siglo XII “esta expresión ya no designa a la eucaristía como lo hacía anteriormente, sino a la Iglesia…La Iglesia “cuerpo” social de Cristo, es en lo sucesivo el significado (oculto) de un “cuerpo” sacramental tenido como significante visible porque es la ostentación de una presencia bajo las “especies” (o apariencias) del pan y del vino consagrados.” 7

“… junto con la conciencia creciente de que la iglesia debe reformarse (siglos XIV – XVI), el cuerpo por construir se convierte en místico, sobre la base de dos “documentos” claros que hacen autoridad, el cuerpo escriturístico … y la ostentación eucarística) 8

El cuerpo barroco

El Medioevo concibe un profundo dualismo entre cuerpo y alma, pensamiento que tiene origen en san Agustín; el barroco, de forma ambivalente concibe el cuerpo como protagonista de la vida mística pues encarna la “espiritualidad exterior” que es su estética.

Por otro lado, “La cultura barroca se caracterizó por la fuerza inusitada que proporcionó a la piedad, aquella virtud que debía inspirar amor a Dios y devoción a las cosas santas” 9 De esta virtud provienen los sentimientos que se quería, surgieran en el devoto para facilitar la configuración de un cuerpo social obediente a Dios y al Estado y por ese mismo camino forjar una “espiritualidad exterior” susceptible de ser vigilada por las autoridades eclesiásticas y civiles. Esta nueva noción de cuerpo es reforzada por la relevancia de las sagradas imágenes postridentinas que representan un mensaje moralizante a partir de cuerpos que se exhiben como los medios para alcanzar la espiritualización y el perfeccionamiento conseguido únicamente en el dolor. “El sufrimiento era una experiencia dotada de unidad que afectaba cuerpo y alma, ambos constituían un ser” 10. Con la doctrina del Purgatorio, también fortalecida en Trento, se enfatiza en el cuerpo, pues todo aquello que le ocurre a este de alguna manera también le ocurre al alma y ambos están vinculados en el sufrimiento liberador.

Dentro de una estética barroca sensual, exterior y sensitiva, se privilegia la imagen como representación y se le otorga fuerza y vehemencia. Así mismo, se formulan tratados de imágenes religiosas 11 que a través de “técnicas de representación”12 generan formas que enseñan y conmueven al cuerpo social de acuerdo a modelos de comportamiento. No solo se reglamentó y se normativizó la pintura, la escultura o el grabado, también las imágenes que se hacían con las palabras, los gestos o el pensamiento” 13 Dichas imágenes son concebidas para conmover al espectador: devoto, monje o religiosa, al afectarlos en pensamiento, sentidos y sentimientos 14.

La espiritualidad barroca suscita imágenes interiores y exteriores. Interiores en el sentido en que busca la creación de un espacio íntimo de recogimiento, soledad, encuentro con Dios suscitado a través de imágenes exteriores que reflejan las virtudes místicas a partir los sentidos y gestos del cuerpo revelados en las representaciones religiosas.

El cuerpo se concibe aquí como el escenario en el que acontecen las experiencias místicas motivadas con la ayuda de técnicas como la “composición de lugar” 15; en la que los sentidos del cuerpo son muy importantes pues toda la experiencia figurada pasa a través de ellos, en los Ejercicios Espirituales se propone imaginar situaciones a meditar de la manera como un actor se introduce en un rol y una escena, y así ver la realidad espiritual con el “ojo interno”. De esta manera, se logra trascender la materia pecadora y ver espiritualmente, se consigue el “desengaño” 16 que es un tema central en la estética barroca pues supone ver más allá de las apariencias que encarnan el pecado para observar la realidad y conectarse con Dios. Las pinturas debían llegar hasta allá, a través del componente plástico.

Así como los sentidos cobran relevancia en la teatralización y figuración del las representaciones del cuerpo, los gestos representados en las imágenes religiosas expresan los “movimientos físicos del alma” 17 Por su relevancia, son ampliamente desarrollados y reglamentados en la iconografía. Los cuerpos representados en las obras son alterados a partir gestos humanos que representan determinados significados moralizantes por medio de un lenguaje corporal que por poco supera la quietud de la representación bidimensional, son imágenes que cuentan historias sobrenaturales usando cuerpos llevados al extremo.

Lo que se encarna en el gesto es el movimiento del alma. Según un tratado del renacimiento: “los movimientos del alma son reconocidos por medio de los movimientos del cuerpo…hay movimientos del alma, llamados afecciones: dolor, alegría, temor, deseo y otros. Hay movimientos del cuerpo: crecer, encogerse, quejarse, mejorarse, moverse de un lugar a otro” 18. Sentimientos, actitudes, emociones se personifican en cuerpos con gestos claramente definidos; ojos desorbitados que miran al cielo, palmas dispuestas hacia arriba, estigmas, expresiones de sobrecogimiento o dolor extremo conectan el mundo espiritual con el material y se exhiben a la sociedad en imágenes de visiones y experiencias místicas que transmiten cánones de comportamiento moral y social con este tipo de lenguaje del cuerpo en la medida en que cada postura tiene un significado que obedece a una virtud o a un vicio, incluso enseñan la correcta posicion del cuerpo para orar.

Cuerpo estremecido

La relación cuerpo-mística evidencia el discurso amoroso a Dios y constituye un espacio para experiencias intensas: goce-erotismo y tortura-mortificación, ambas se inscriben en el cuerpo a través del dolor-placer. El primero de estos ejes goce-erotismo es el que se va a desarrollar de manera más profunda en las religiosas y esta traspasado por el discurso sobre el amor místico; el segundo eje tortura-mortificación corresponde más a los religiosos y se encuentra traspasado por el discurso sobre la muerte.

La visión de Jesús como esposo de la religiosa es la base del goce. “el cuerpo desnudo de Jesús, que no es sólo objeto de piedad por sus heridas, sino objeto de amor por su bondad, encuentro del dolor y del deseo que son uno en la mística”19 en este tipo de visiones la devoción se transforma en deseo por el amado, el esposo y este deseo es exaltado por la desnudes sagrada. El cuerpo que, a pesar de todo, continúa acallado por la iglesia, escapa por un momento de la vigilancia en estas fantasías que no dejan de estar presentes en escritos de religiosas que parecen impregnados de romanticismo casi sexual. Los deseos naturales son aquí trasladados a la mística y la relación espiritual se convierte en carnal inscribiéndose en el cuerpo a través de signos que son heridas que suponen una delgada línea entre placer y dolor.

Existe por otro lado, un sentimiento de pérdida en estas visiones, la separación entre el cuerpo de la religiosa y la imagen del amado lo que se traduce en un sentimiento de melancolía que aparece al terminar la visión, cuando la figura de Cristo se torna inaprensible.

Existe otro tipo de experiencia intensa en relación a la mística: la tortura-mortificación, existen mortificaciones exteriores e interiores. La mortificación interior se refiere a humillaciones y desprecios por causa de la fe y la exterior es la mortificación corporal. "El grado mas perfecto de humildad es complacerse en los menosprecios y humillaciones. Vale mas delante de Dios un menosprecio sufrido pacientemente por su amor, que mil ayunos y mil disciplinas."20.

“Las mortificaciones hacen parte de los actos que conforman el sacramento de la penitencia: contrición, confesión y satisfacción… La contrición era arrepentimiento,… la confesión, que involucraba al sacerdote quien se reservaba o no la absolución; finalmente estaba la satisfacción, ordenada por el sacerdote de acuerdo con la gravedad de los pecados confesados. La mortificación era una forma de satisfacción de la penitencia, que se mandaba tanto a fieles como a religiosos, pero a estos últimos con mayor rigor y vigilancia, pues la exageración en la mortificación del cuerpo podía entrañar una herejía. La vida en la carne.”21

El cuerpo sacrificado y desgarrado es llevado al extremo de muchas maneras: ayunos prolongados, inedia, flagelaciones, maceraciones, dormir sobre ortigas o en el piso, privación del habla y del sueño, disciplinas, cilicios de diferentes materiales o cuerdas sobre las extremidades, ingesta de alimentos en mal estado e inmersión (que San Pedro Alcántara convierte en una práctica cotidiana) . Todas estas práctica buscan reproducir los sufrimientos de Cristo sacrificado en el propio cuerpo y en general procurar a este la mayor cantidad de malestar como sea posible ya que por otro lado, desde esta perspectiva el cuerpo es abandonado por considerarlo inmundo “Sólo soy un estercolero; le pido a Nuestro Señor que cuando muera echen mi cuerpo a la basura para que lo devoren las aves y los perros. (…) ¿No es acaso lo que debo desear para castigo de mis pecados?” Exclama San Ignacio de Loyola.” 22 La alusión sobre el cuerpo de muchos textos místicos al relacionarlo con el pecado: la mortandad y la corruptibilidad manifiesta la noción según la cual el dominio del cuerpo supone el triunfo sobre el mal, la carne.

Dentro de esta espiritualidad compleja, el cuerpo es también “aprovechado” como medio de santificación; Según Jaime Borja, para citar un ejemplo, el sacrificio y el aislamiento fueron los dos modelos de espiritualización del cuerpo desarrollados en La Nueva Granada 23 “En la relación entre el cuerpo y el alma que se sostenía en el siglo XVII, la expiación de los pecados en el cuerpo permitía que el alma continuase su camino hacia la salvación. Así, los martirios invierten el valor del cuerpo, cuyo sacrificio significa la muerte del pecado y la posibilidad de la redención” 24. “los flagelos, los cilicios, los ayunos formarán parte de las llamadas “adiciones” útiles para perfeccionarse en los ejercicios propuestos por san Ignacio o en las recomendaciones de fray Alonso de Madrid” 25

Para el caso de los fenómenos místicos, existe una relación directa de las heridas del cuerpo de Cristo y las heridas del religioso quien se incorpora al sufrimiento divino imitatio Christi ; es como si Dios mismo escribiera dichas heridas en el cuerpo del santo, son “improntas” que recuerdan el acontecimiento sobrenatural. “La traducción corporal de la imitación de Cristo toma forma de varios fenómenos: desde la estigmatización (fenómeno que tuvo su auge durante el siglo XVII) a la transverberación (martirio de amor), pasando por la inscripción en el corazón y todas esas pruebas y signos de haber sido elegido” 26.

Las mortificaciones son igualmente, oportunidades de martirio en un momento histórico donde no hay muchas ocasiones de ser mártir pero en el que el modelo de santo mártir es ampliamente difundido como cuerpo abandonado al padecimiento“…el texto reeditado de la Leyenda áurea, las obras publicadas en el siglo XVII y principios del XVIII sobre las vidas de los santos por Gallonio, Bosio, Ribadeneira y Adrien Baillet-y un poco más tarde los trabajos de dom Ruinart-dan a conocer la época de los primeros mártires cristianos” 27.

Sujeto Barroco a partir del cuerpo

Los libros no son más que metáforas de los cuerpos
Michel de Certeau 28

La iglesia busca configurar un modelo de sujeto a imitar con el objetivo de desarrollar en la sociedad la mejor de las virtudes: la piedad. Sin embargo, en el camino se desarrolla también el espacio para un incipiente sujeto con conciencia de interioridad, aquel que surge de los lugares de introspección y se evidencia en textos como las autobiografías.

La religiosidad neogranadina recibe una fuerte influencia de la espiritualidad de San Ignacio de Loyola, quien enseña la interioridad e interiorización por medio de las imágenes visuales, olfativas etc. que sucintan la moral, con el fin de vincular profundamente al religioso y al devoto en la vivencia de Dios exhortándolo, por ejemplo, a escribir luego de orar y reflexionar.

En “El teatro del desengaño” se configuran tres estados del hombre: el religioso, el casado y el soltero, aquí el autor resalta el estado religioso como ideal. 29 Dentro de este modelo de sujeto piadoso la religiosa ocupa un lugar subordinado a las autoridades eclesiásticas masculinas, pero al mismo tiempo es protagonista de la mayoría de visiones místicas que representan innumerables obras y escritos en las cuales se representan a imagen y semejanza de Cristo sufriente y en las que ofrecen sacrificialmente el propio cuerpo 30.

Los manuales de profesión religiosa y de instrucción para religiosas y los libros de las vidas de santos entre otros, buscan reglamentar la vida en el convento y controlar el tiempo y el pensamiento de las mujeres que toman lo hábitos. Dichos textos facilitan al mismo tiempo, que las religiosas desarrollen un espacio de interioridad, un “recrear el convento interior” 31, una conciencia de sí a partir del cuerpo en el silencio y el aislamiento de sus celdas. Esta piedad interior se hace realidad a partir de prácticas como la lectura personal, la oración mental, la meditación y la confesión 32. Cabe anotar que la práctica de lectura en silencio surgida durante los siglos XVII y XVIII, constituye un momento importante para la modernidad
específicamente para la historia de la vida privada 33.

Las visiones, raptos, suspensiones y deliquios 34 hacen presencia en los escritos de las religiosas encargados por sus confesores, son textos pensados como modelo, pues no deben reflejar singularidad, que significaría una gran falta de humildad, por el contrario se supone que la autora “desaparezca” de ellos para que se transformen en un modelo 35. Sin embargo, estos escritos no dejan de significar un encuentro con su individualidad, el sutil contacto consigo misma que sugiere el ejercicio de la escritura potenciado por el tema a tratar: su experiencia personal de Dios a través de su propio cuerpo que es atravesado por el sufrimiento y el goce; ejemplo de esto se encuentra en la afirmación de la madre Josefa de castillo en relación a sus escritos en los que busca: “su voz”, “su espacio propio” y el “derecho al saber” 36.

Lo interesante de este sujeto femenino naciente es que expone su vida interiorizada a la sociedad a través de palabras íntimas y impregnadas de conciencia de sí que transitan en medio de los filtros eclesiásticos hasta llegar a la gente, a través de la imprenta un medio que se desarrolla durante el siglo XVIII en La Nueva Granada y que transforma para siempre el sentido del escrito al trasladar estas líneas al espacio público.“Por esta escritura emergerá una subjetividad, pero entendida no como la liberación del individuo, sino como la sujeción de éste en el orden social 37. Al escribirse, se inscribe justamente en el ordenamiento social, ya que su texto será siempre texto para el otro, modelo de vida, patrón de comportamiento, ordenamiento para el otro” 38.

Notas

1. Michael de Certeau, La fábula mística, pp. 98. Citado en BORJA, Jaime Humberto, 2002 p 104
2. TORQUEMADA, Juan De O. P., Summa De Ecclesia, Salamanca 1560. Citado en artículo
EL CUERPO MÍSTICO DE CRISTO EN LA ECLESIOLOGÍA DE JUAN DE TORQUEMADA
Por Fr. Ramón Hernández Martín O.P. 2007
3. ARNAL, Mariano EL ALMANAQUE en http://www.elalmanaque.com/religion/lex-relig/mistica.htm
4. TORQUEMADA, Juan De, 2007.
5. CERTEAU, Michel de, La Fábula Mística siglos XVI – XVII, México D.F: Universidad Iberoamericana 1ª ed. 1993, p 97
6. LUBAC, Henri de, Corpus Mysticum, París, Aubier, 2ª ed. 1949. Citado por Certeau, 1993
7. CERTEAU, Michel de, La Fábula Mística p 100
8. CERTEAU, Michel de, La Fábula Mística p 100
9. BORJA, Jaime Humberto “La construcción del sujeto barroco representaciones del cuerpo en la nueva granada del siglo XVII, Bogotá D.C, Octubre de 2002
10. Tratados como: Diálogos de la pintura de Vicente Carducho (1633), Arte de la pintura de Francisco Pacheco (1649), Luz de Pintura de Luis Vargas, Las medidas del romano de Diego de Sagredo, El pintor Cristiano y Erudito de Juan Interian de Ayala (1730) posible copia de un tratado de 1570.
11. BORJA, Jaime Humberto, 2002 p 9
12. Mecanismos que a partir del concepto de “vista de la imaginación” de Ejercicios espirituales facilitan procesos de elaboración e interpretación de la imágenes religiosas. BORJA, Jaime Humberto, 2002 p
13. Bolívar Echeverría, La modernidad de lo barroco, pp.66… Citado por Borja 2002 p 33
14. BORJA, Jaime Humberto, 2002 p 196
15. Técnica expuesta por San Ignacio de Loyola en Ejercicios Espirituales
16. El autor hace hincapié en este concepto. De Ribero Juan, El teatro de El Desengaño
17. BORJA, Jaime Humberto, 2002 p 158
18. STOICHITA Víctor, El ojo místico. Pintura y visión religiosa en el siglo de oro español, pp. 153 citado por BORJA, Jaime Humberto, 2002 p 167
19. QUEVEDO Alvarado María Piedad. Un Cuerpo para el espíritu: Mística en La Nueva granada, el cuerpo, el gusto y el asco 1680-1750. Colección Cuadernos coloniales Instituto Colombiano de Antropología e Historia. 2007 pg 72
20. Cita de San Francisco de Sales tomada de www.conelpapa.com/codigo/ideas.htm
21. QUEVEDO 2007 p 134
22. Historia del cuerpo vol 1 p. 54
23. BORJA, Jaime Humberto, 2002
24. QUEVEDO 2007 p 134
25. ARANGUREN ROMERO Juan Pablo, ¿Cómo se inscribe el sufrimiento en el cuerpo? Cuerpo, mística y sufrimiento en la Nueva Granada a partir de las historias de vida de Jerónima Nava y Saavedra y Gertrudis de Santa Inés. En Fronteras de la Historia 12 (2007): 17-52 ICANH p 32
26. Historia del cuerpo vol 1 p. 61, 62 y 68
27. Historia del cuerpo vol 1 p. 53
28. CERTEAU, Michel de, La Fábula Mística siglos XVI – XVII, México D.F: Universidad Iberoamericana 1ª ed. 1993.
29. De Ribero Juan, El teatro de El Desengaño citado por BORJA, Jaime Humberto, 2002 p
30. ARANGUREN 2007 p 33
31. ARAYA Alejandra. Cuerpo, trato interior y artes de la memoria: autoconocimiento e individuo moderno en el texto de Úrsula san diego convento espiritual. En Revista chilena de literatura ISSN 0718-2295 versión on-line. Noviembre 2008, Número 73, 5 – 30
32. ARANGUREN 2007 p 39
33. CHARTIER, Roger. "Las prácticas de lo escrito". Historia de la vida privada, v.5: El proceso de cambio en la sociedad de los siglos XVI-XVIII. Philippe Aries; George Duby. Madrid: Taurus/Santillana, 1992, reimpresión primera edición en español. 112-161. Citado por ARAYA Alejandra. 2008
34. BORJA, Jaime Humberto, 2002 p 153
35. ARANGUREN ROMERO Juan Pablo ¿cómo se inscribe el sufrimiento en el cuerpo? p. 36 Cita a Ferrús, Beatriz. “Heredar la Palabra: Vida, escritura y cuerpo en América Latina”. Trabajo de grado de doctorado. Universidad de Valencia, 2005.
36. LORA-GARCÉS Marta Cecilia El goce místico y la escritura en una monja de la Colonia En Poligramas 22 octubre de 2004 p 21
37. ARANGUREN, 2007 p 41 Cita a Michel de Certeau. La invención de lo cotidiano. Vol. 1. México: Universidad Iberoamericana, 2000.
38. ARANGUREN, 2007 p 41 cita a Morales, Helí. “De tatuajes y garabatos: el síntoma de la escritura”. Escritura y psicoanálisis. Coord. Helí Morales Asensio. México: Siglo XXI, 1986.

Escenificaciones

Para la puesta en escena sobre se parte de los siguientes preceptos:
1. El amor y la muerte como dos grandes ejes que están íntimamente relacionados con el cuerpo y la mística del siglo XVII y primera mitad del XVIII.
2. La retórica del cuerpo en las representaciones pictóricas, interpretación de los gestos del cuerpo en las imágenes.
3. El nacimiento de un sujeto barroco a partir de los escritos de religiosos.

Piezas

1. 16 niños Jesús Siglo XVIII No 132, 112,160, 180, 161, 134, 133, 181, 159, 2º2, 116, 152, 182, 114, 025, 024.
San Pedro alcántara Siglo XVIII No 107
Cilicio del siglo XVII No 05.10.184
Cilicio del siglo XVII No 05.10.205
Reproducción de flagelo
2. Muerte de santa Gertrudis
Baltasar Vargas de Figueroa Siglo SVII No 031.1.008
Virgen con niño
Joaquín Gutiérrez Siglo XVIII
3. Textos de Francisca Josefa del castillo y Jerónima navas

Textos Francisca Josefa del castillo
Libro Afectos espirituales

(Escritos por ella misma, de mandado de sus confesores según primera copia hecha por don Antonio María de castillo y Alarcón, en santa Fe de Bogotá, año de 1896)

Afecto 2“ ¡Oh dulce, claro y suave laberinto de amor, prado florido, casa de la sabiduría, tesoro de las riquezas de Dios! Cómo acierta el alma a salir cuando entra en Ti? Oh, cómo yerra saliendo de la vida, solo hallará la muerte. Una sola cosa codicia el alma. Esta sola juzga necesaria, estar sola, oh dulce amor, te pide: que habite en esta casa todos los días de mi vida, no sólo exteriormente. ¡oh Dios escondido, si el alma te hallara! P. 38

Afecto 5 “...Alma: ¿porqué esta afligido tu corazón? ¡Oh gloria mía, Padre mío y señor mío. Amor, descanso, centro y vida de mi alma, hermoso Nazareno, lumbre de mis ojos, …, mira, gloria mía ya no quiero cielo, ¿qué hay para mi en el ? Tú eres mi alma y mi vida. No quiero corazón ya, no quiero ojos, ciérralos, Rey eterno, que fuera de Ti cuanto miro es vanidad; mejor eres que todos los hijos de los hombres, escogido entre millares; hermosa tu presencia, graciosos sobre todos; tu habla infunde gracia, tu mirar vida, y todo te me das…”
P 43 y 44

Afecto 13 “…entendí esto: el cuerpo es aquel campo que consideró la mujer fuerte y prudente, y lo apreció y compró para plantar en el una viña de la labor de sus manos. Esta tierra del cuerpo es campo que se da al alma para que ella lo trate como esclavo comprado, sirviéndose de el como señora, y como quien labra su tierra para coger frutos de vida eterna, arrancando con valor, con el trabajo de sus manos, y con la fortaleza de sus brazos, sus abrojos, espinas y malas hierva, que siempre produce: no dejándolo como a la tierra viciosa que se cargue de cardos y espinas, ni como aquella viña que se pobló de hortigas.” P 75 y 76

Afecto 22 “ ¡Oh alma mía, si serás tan dichosa que de la boca de tu Señor te oigas llamar sierva fiel! ¡Oh, trabaja por esto, y da por ello toda la substancia de tu casa, todo tu descanso, gusto y opinión; todo lo que pueden ver tus ojos, oír tus oídos, y gustar tu corazón; date a ti misma toda para ser abrazada en el fuego de la tribulación…! P 115

Afecto 25 “Oh, pues, alma mía, todavía vive tu esposo, tu padre, tu medicina y tu remedio; muerto para vivificarte, sacramentado para enriquecerte; ¡qué amor le debes, qué agradecimiento, qué confianza…! P 122

Afecto 30 “!Oh señor!, sin tu presencia, ¿qué será de mí?, ¡quién podrá gobernar este entendimiento ciego, esta voluntad antojadiza y inconstante, tan expuesta a abrazar el mayor mal, como a hastiarse del bien; esta memoria, como una viña sin cercar, adonde crecen y suben las ortigas y zarzas; esta fantasía , como el polvo de las calles, que a todos vientos con ligereza se mueve, y el pie de cualquiera pasajero lo hace volar?...” p 135

Afecto 31 “Amantísimo amor, amado, amabilísimo del alma, cualquiera cosa que me das, o pudieras revelarme de Ti, sin Ti no me satisface; ni codicia mi alma más que desear tus justificaciones en todo tiempo, esto es: ser regida y gobernada por Tí. Amantísimo Señor…! P 137

Afecto 45 Deliquios del divino amor en el corazón de la criatura, y en las agonías del huerto. P 181


“El habla delicada
Del amante que estimo,
Miel y leche destila
Entre rosas y lirios.

Su meliflua palabra
Corta como rocío,
Y con ella florece
El corazón marchito.

Tal suave se introduce
Su delicado silbo.
Que duda el corazón
Si es el corazón mismo.

Tan eficaz persuade,
Que cual fuego encendido
Derrite como cera
Los montes y los riscos.

Tan fuerte y tan sonoro
Es su aliento divino,
Que resucita muertos.
Y despierta dormidos.

Tan dulce y tan suave
Se percibe al oído,
Que alegra de los huesos
Aún lo más escondido.
**
Al monte de la mirra
He de hacer mi camino,
Con tan ligeros pasos,
Que iguale al cervatillo.

Mas, ay! Dios, que mi amado
Al huerto ha descendido,
Y cómo árbol de mirra
Sudar el licor más primo.

De su cabeza el pelo,
Aunque ella es oro fino,
Difusamente baja
De penas a un abismo.

El rigor de la noche
Le da el color sombrío,
Y gotas de su hielo
Le llenan de rocío.

El rigor de la noche
Le da el color sombrío,
Y gotas de su hielo
Le llenan de rocío.

¿Quién pudo hacer, ay! Cielo,
Temer a mi querido?
Que huye el aliento y queda
En un mortal deliquio.

Rojas azucenas
De sus labios marchitos.
Mirra amarga destilan
En su color marchitos.

Huye, aquilo, ven, austro,
Sopla en el huerto mío,
Las eras de las flores
Den su olor escogido.

Mas ay! Que si sus luces
De fuego y llamas hizo,
Hará dejar su aliento
El corazón herido.

Afecto 31 “ En mis delicias estaré en la noche, si Tú estas conmigo, y si en todo tiempo sólo deseo tus justificaciones, porque las tinieblas no oscurecerán acerca de Ti, antes la noche por Tï será alumbrada como un claro día, y no descaecerá el alma en los atrios, ni de la consolación, ni de la adversidad, que igualmente pueden ser atrios y puertas para entrar y llegar al lugar de tu tabernáculo admirable, pasando hasta llegar a la casa del gran Dios, en voz de exultación y confesión, y sonido alegre de los que están satisfechos. P 139

Afecto 34 “Mira como el esposo del alma quiere como emplear los sentidos en la esposa: muéstrame tu rostro para agrado de mi vista, porque tu rostro es grandemente hermoso y majestuoso. Suene tu voz para mis oídos, porque tu voz me es como una música suave. Tus vestiduras a mi olfato, son como el olor de todos los aromas. ¡Cuán suave eres y cuán hermosa, carísima!, dulce a mi sabor y a mi garganta como un panal de miel, tus labios destilanun panal…Pues la habla del esposo en lo más superior del alma. Es un toque suave sobre toda suavidad, fuerte sobres toda fortaleza, limpio y puro sobre toda pureza…” p 147

Afecto 46 “Por algunos tiempos siento a mí misma, como una figura hecha de paja, sin que sienta, ni sepa, ni pueda nada; y que el aire la lleva y trae por donde quiere. Así me pareció ser guiada de la voluntad de Dios; y en sintiendo algún querer, o afecto propio, me lleno de congoja y peso, y me voy a pique.” P 184

Afecto 57 “ ¡Oh Señor, Dios mío, y bien verdadero de mi alma: cuán ajena de mí quisiera verme a mí en Ti! ¡Oh, cómo no quisiera que hubiera en mí una respiración, que no fuera pasarme a Ti, darme, entregarme y traspasarme a Ti, centro del amor! ¡oh, cómo lloro el triste cautiverio que padezco en tenerme a mí! ¡Cuándo, Señor, me arrebatarás a Ti, y me sacarás de mí, con una fuerza y dominio tan poderoso, que no pueda volver a tomarme? ¿Cuándo atarás tan del todo mis pies con tus grillos y cadenas, que no pueda moverme, si no es adonde quieres? ¿Cuándo secarás en mi corazón la vena, fuente, o cieno del propio querer, que es odio de mi misma? ¡Oh, cómo sólo en Ti se halla el alma, y en sí misma se pierde! ¡Oh, cuándo te pondrás como señal sobre mi corazón, y sobre mi brazo, para que en todo se sepa que soy tuya, como trae, el esclavo herrado las señales de su amo!... p 206

Afecto 83 “!Oh Señor y maestro sapientísimo! Lávame una y otra vez con los golpes de la tribulación, angustia y dolor, hasta que quede más blanca que la nieve, que entonces a mis oídos darás gozo y alegría, y exultarán hasta mis huesos, si hasta los huesos más interiores me hubieres humillado. Darás gozo a mis oídos con llamarme, cuando esté ya limpia, a que entre en el gozo de mi señor…” p 277

Afecto 94 “… Luego, en recibiendo a Nuestro señor, sentí una confortación y fuerza, como dada de su mano, y me parecía estar mi alma abrigada del calor de su divino pecho, sintiendo los efectos de su amor, y conociendo algo de su inmensidad, y cómo llena los cielos y la tierra, y el especial modo como abriga y recoge a las almas que lo buscan y desean…” p 300


Afecto 103 “…¿No sois el dulce esposo que llama a la puerta del alma, y que espera en los rigores de la noche, a que entre la amada, y hace estremecer sus entrañas? ¿Cómo así declináis, pasáis y te escondéis? ¿Por qué, mi bien llamáis y hacéis arder, y herís?¿Y por qué no rompéis las velas y los lazos que dividen y apartan el alma de su alma?¿A donde te escondéis, a donde te ocultáis?¿Dejáis para mí todo el mundo hecho cárcel, destierro, horror y sombra? P 325