“Visiones desde el espejo”

Margarita Guzmán Bejarano



“Nos acecha el cristal.
Si entre las cuatro paredes de la alcoba
hay un espejo, ya no estoy solo.
Hay otro.
Hay el reflejo que arma en el alba un sigiloso teatro.”

Jorge Luis Borges



La imagen reflejada en el espejo no tiene ni sustrato ni conciencia, el mundo de las imágenes que se crean en el espejo, se conjugan en el prodigio de la tecnología. Es el misterio de la vida sin vida, donde lo que reconocemos son solo formas que se esfuman. Es un trasmundo inmaterial donde nada es real, es la magia que encierra el reflejo en ese otro espacio más allá de lo que vemos. La formación de la imagen en el espejo es ilusión como lo dijo Platón en sus especulaciones. La inmaterialidad de esa imagen que a la vez es igual a la realidad, se presta para ver y comprender el mundo de una manera diferente. Aquello que vemos es una revelación, un descubrimiento y una interpretación de la vida que se acerca a lo adivinatorio y se proyecta hasta el nivel de la hechicería. Es un enigma.
La magia y la ciencia se aproximan para encerrar una incógnita misteriosa y atractiva que nos sumerge en los ideales y en los sueños. El espejo en su mágica capacidad de descubrir imágenes, nos revela a nosotros mismos, enfrentándonos a la realidad que no podemos ver. La simbología espiritual que encierra el espejo en la semejanza y en el conocimiento de sí mismo, permitió la aceptación del espejo como medio de alcanzar la luz pura y de legitimación de la imagen como muestra de cualidades, defectos y deberes como parte del desarrollo de identidad.
El prestigio del espejo desde los egipcios, los griegos y los romanos, continúa a través de la historia de la humanidad, basado en más que en un objeto, en una mediación entre la realidad y el conocimiento. Es el caso de las antiguas culturas indígenas americanas, en las cuales los espejos eran enterrados en las tumbas y en los sitios religiosos cuyo propósito era guiar a los muertos en el inframundo.
En otros casos el espejo se convierte en presencia por ejemplo en la obra de Jan Van Eyck, “El matrimonio Arnolfini”, el espejo es elemento simbólico que permite al artista ponerse de manifiesto y hacer presencia figurando en su creación pictórica. Una presencia en el espejo, lo invisible en lo visible y la intervención nuevamente como objeto mediador de nuevas esferas establece otras relaciones con el mundo. Aparece entonces un mundo seductor en el que lo que se refleja tiene una atractivo mayor que lo que vemos en la realidad. Las dimensiones del espacio se modifican y se comprende la perspectiva, aparece la profundidad o tercera dimensión. La imagen en 3D hace parte del mundo que habitamos proporcionando un realismo que invita a entrar en él. Por otro lado el espejo le confiere al hombre un poder, el poder de manipular su imagen olvidando la imagen divina que había trascendido desde la antigüedad.


Matrimonio Arnolfini de Jan Van Eyck. La inscripción arriba dice: "Johannes de Eyck fuit hic. 1434"

El poder de la manipulación va desde la réplica o simulación la cual adquiere gran importancia, pues multiplicar y engrandecer comienza a hacer parte de las necesidades creadas por nuevos grupos sociales donde las apariencias son una vitrina de cristal que todos aprecian, hasta el territorio donde la vida se convierte en la copia de otros y quiere ser expuesta, vista y alabada. Se engendra el fenómeno de la ostentación y el espejo la representa llegando a convertirse en un emblema de ideal de sociabilidad.
El espejo es finalmente un mediador social, herramienta de interacción y de participación. Su legitimación se remonta desde Sócrates como testimonio fiel de lectura del yo, proclamando el amor hacia sí mismo. Es también educador al exteriorizar el interior en todo el esplendor de la belleza. Permite descubrir las manchas de la “fealdad” embellecer el rostro y despertar el amor como lo expresa (1) Gilles Corrozet en su poesía: Le blason de miroir.
Le blason du MIROIR (2)

Miroir cler et resplendissant,
Miroir plaisant, resjouyssant,
Miroir ardant de grand splendeur,
Miroir de tresbonne grandeur,
Miroir de cristal precieux
Qui tant es doulx et gracieux
Qu’à chascun tu monstres sa forme
S’elle est belle, laide ou difforme,
Et ne reffuse en ta clarté
D’aulcun la laidure ou beaulté,
Miroir d’acier bien esclarcy,
Miroir luysant qui es ainsi
Que l’eau clere qui represente
Chascune figure apparente.
Miroir de verre bien bruny
D’une riche chasse garny
Où la belle, plaisante, et clere
Se void, se mire, et considere
En regardant sa contenance
Et de son gent corps l’ordonnance,
Ses yeulx scintillans et sa face
Son fronc poly, sa bonne grace,
Sa doulce bouche vermeillette,
Son menton qui faict la fossette
Son dur tetin, ses bras gentilz,
Ses blanches mains, ses doigtz traitifz,
Et tout le reste de son corps,
Dont les membres sont bien concordz.
O Miroir je te prie cache
De mon corps la laidure ou tache,
Et de l’ornement de vertu
Me feray beau et bien vestu


El espejo en la sociedad se convierte en una forma de enseñar las buenas maneras y hace parte de un sistema de identificación social basado en la cortesía. Conjugar ética y estética en la utilización del espejo como filtro de las actividades del siglo XVII en el ideal del decoro, se edifica en el espejo como apropiación del yo y como adaptación y aceptación social. La esfera de lo público y lo íntimo comienzan a evidenciar su convivencia en ese territorio de la apariencia que energiza el disimulo y el yo social, lleno de una presencia ficticia, recreados en el dilema de lo natural y la imitación. La verdad cada vez más oculta tras un velo construido por la necesidad de esconder la intimidad, contribuye al arte de agradar como esencia de la vida social[[file:/C:/CRC/Descargas/Visiones desde el espejo julio 12.docx#_ftn3|(]]3).
El cuidado del cuerpo y la ornamentación establecen parámetros de beneplácito en una sociedad que establece sus propios esquemas desde una construcción de objeto (espejo) - sujeto (yo). En el espejo se descubre el parecido y la semejanza como expresión del yo dando lugar a una nueva experiencia de la subjetividad.
El sujeto emulado en el arte de las apariencias y las complacencias origina la adulación como práctica social. De una imagen reflejada efímeramente surge la necesidad del retrato como prolongación de la imagen reflejada en el espejo. El retrato pintado se inicia en el siglo XVI, se interesa en signos de integración social como el vestido, la pose que determina la pertenencia a un grupo social. El retrato es un lugar de adulación donde el yo verdadero desaparece bajo la vanidad del hombre. Espejos y retratos son pensados en función de la apariencia. El maquillaje y la pintura del retrato se refieren juntos a un rostro que da a conocer una identidad inventada. Se generan seres superficiales que estructuran su vida en lo placentero y en la apariencia. El espejo como el retrato, son instrumentos de jerarquía social y de ideal aristocrático, donde el reconocimiento de ese reflejo construido es una revolución cultural que marcará las relaciones del hombre. El retrato civil se convirtió en un medio de reconocimiento social y la estética del rococó representó ostentación abriendo camino a una nueva estructura social basada en el bloff o engaño. El espejo florece como objeto de alarde y su empleo es para lucir y demostrar poder, el espejo no era para verse. Tener un espejo significa riqueza y lujo.
La aparición del espejo en la vida cotidiana marca así una serie de costumbres y de gustos. La vida cotidiana se estructura en la interacción de las prácticas sociales que se derivan de la apropiación de los individuos de ciertas formas de vida. La interacción resumida en costumbres y criterios hacia las cosas del diario vivir se representan en “el gusto”. Las condiciones en que se desarrolla el gusto en el siglo XVIII no distan mucho del concepto de Bourdieu del habitus [[file:
/C:/CRC/Descargas/Visiones desde el espejo julio 12.docx#_ftn4|(]]4). El habitus representa un principio generador de costumbres y un sistema de prácticas que se pueden definir según los grupos sociales y representan estilos de vida. La utilización del espejo como parte de las acciones de la sociedad habla de una realidad propia en Europa, el uso del espejo se convirtió en un estilo de vida donde la apariencia del cuerpo hace parte del gusto, de la clase social y del poder. En la vida cotidiana los espejos eran de un precio exorbitante y se convirtieron en símbolo de lujo aristocrático. Los espejos constituían un gusto por el adorno, por la representación y la jerarquía social.
Cuando el hombre se pudo ver de cuerpo entero, sufrió un gran impacto que contribuyo como matriz de lo simbólico en el valor fundamental de la búsqueda de la identidad, como algo mágico y milagroso. Al mirarnos en un espejo objetivarse es diferenciar el interior y el exterior de nosotros mismos. El espejo confirma la unidad del sujeto en la ambigüedad y en la riqueza del reflejo. Espejo y secreto se funden en uno solo.
Inicialmente el espejo era poco común y se trataba de descubrir su reflejo pues producía curiosidad como el doble en la sombra. El espejo de cristal aparece cuando se logró fabricar cristales lisos una vez se pudo extender la capa metálica caliente sin romper el cristal. Anteriormente los espejos eran pequeños, del tamaño de un plato y en esa época se tenían problemas en el reflejo por la opacidad del vidrio pues eran de un tono verdoso por la cantidad de oxido de hierro y de oxido de manganeso que producía burbujas y un color grisáceo. El espejo de vidrio era engañoso y se veían cosas raras y las personas se veían deformes. La ciencia y lo sobrenatural se articulaban en el enigma del espejo. La fabricación del vidrio era alquimia y se relacionaba de alguna manera con el misterio de la piedra filosofal. Se hablaba de trasmutar el vidrio como algo asombroso lleno de ficción y de surrealismo. La producción de espejos en Lorena, Italia tuvo un gran desarrollo. Los venecianos le disputaron a Lorena la primicia del descubrimiento del espejo en vidrio. En el Siglo XV avanzó la técnica en Murano y se decía que era el vidrio más puro. Entre tanto los venecianos lograron el azogue mejorado con estaño y mercurio logrando un objeto puro e incorruptible, “un invento bello y útil” para la época. La tecnología del espejo se convierte en capricho irresistible, desarrollo de un modo de vida en medio de grandes significados.
El espejo triunfa entre la aristocracia lentamente, en el siglo XVII se dejó el espejo de metal y los amantes del lujo buscaron los espejos venecianos. Catalina de Medicis por ejemplo encarga un gabinete de espejos y otros personajes de la realeza como Margarita de Valois y Ana de Austria hacen lo mismo. Se desata la pasión, se repiten siluetas, risas y muecas, posturas, gracias, se colocan muchos espejos hasta cientos en un espacio. Aparece el espejo en el ropero, se hacen los marcos en todo tipo de materiales como lapislázuli, ébano, marfil y carey. Los espejos se tasan entre los anillos y pendientes como joyas. La nobleza contagia la burguesía que de alguna forma se satisface con pequeños espejos de menos de treinta centímetros con marcos modestos de madera. Cada vez más el espejo figura en los inventarios de las familias, el espejo llega a sustituir el cuadro. Un espejo veneciano llega a ser más caro que un cuadro de Rafael.(5) En el caso de los reyes se hacen en oro y plata y se engastaban en marcos preciosos.
Durante el siglo XIX se usan espejos de acero y de cristal y se convierten en un auxiliar de luz y en parte del mobiliario. El lujo costoso del espejo anuncia el mundo del advenimiento burgués donde la prolongación de la visión refleja una construcción social en medio de agitaciones del alma y del pensamiento.
Desde el siglo XVIII el espejo se configura como terreno de las vanidades del hombre como ser mundano y vulnerable. Es esfera de lo impalpable, de lo efímero en medio de una verdad que no quiere reconocer su propia fragilidad. Es el miedo a encontrarse. Es la identidad como edificación para lucir ante el otro, ante la sociedad y esta característica establece al espejo como ese espacio de mostrar. Las ilusiones engañosas así como la identidad son una abstracción escenificada de lo que queremos mostrar a los demás. Lo íntimo se devela en el reflejo como testimonio de la vanidad que envuelve la vida en la ilusión de un yo. En el espejo se confabulan la magia, la imagen y la imaginación (6) en la locura y la confusión integrando la vanidad del hombre a la lujuria. Igualmente se convierte en atributo necesario de la belleza y la feminidad reafirmando su importancia en el mobiliario necesario en una escenografía montada para comunicar la esfera de lo privado en el ámbito de lo público.
La evolución del sujeto se establece en un cuerpo reforzado por el espejo partiendo del imaginario y encarnando los personajes de moda. El espejo satisface entonces un territorio de transición entre el yo y el otro y la metamorfosis de uno en otro es lugar de encuentro de la identificación y el reconocimiento. La aparición del culto al yo como fenómeno egocéntrico, como conciencia de una verdad, es la transferencia del querer ser y el desear construir la verdad ideada del ser.
Es en aquel lugar donde el sujeto se halla en la dimensión que cada cual quiere proporcionarle a la creación del yo, en una deformación de la identidad propia para construir una identidad inventada del hombre que observa al hombre que mira y se duplica y se multiplica en una dinámica de nunca acabar. Es también terreno de la identidad y de la diferencia y por este camino se abre un amplio campo de problemáticas propias del conocimiento de sí, donde sucede que el autoanálisis está significativamente incorporado a determinadas concepciones de la realidad. Esa transcendencia, ese «ser» a «través de» que es totalmente independiente de la naturaleza propia de las realidades que se relacionan estrechamente y tienen una correspondencia únicamente formal. Se puede comprender que si se plantea como obligatoria la interdependencia entre lo psíquico y lo corpóreo, se afirma también que reposa en la articulación del reflejo recíproco de lo interno y lo externo. En el pensamiento Zen, el contenido deviene forma, la apariencia se transforma en esencia y el juego se convierte en una mutación donde el diálogo consigo mismo adopta la forma de un descubrirse «a través» de su propia imagen objetivada ante el espejo. Se muestran fenómenos expresivos de los vínculos posibles entre el hombre y el mundo y las apariencias del cuerpo aparecen como expresión del yo ideado, inventado o copiado.
El poder de metamorfosis del espejo logra el engaño poderoso del mundo de las apariencias. La mediación en la transferencia de la realidad y la ficción cautiva y enloquece, duplica y sobredimensiona el mundo y opera como seducción complaciente ofreciendo una felicidad alucinante. Producir imágenes artificiales confieren un poder en la posibilidad de un doble papel: el del voyeur (7) y del exhibicionista.
Se abre una puerta y se fusionan el mundo interior y el mundo exterior y surge la necesidad obligatoria de dominar esa imagen reflejada para aceptar nuestra identidad que aparece como un testimonio de confrontación. La visión del espejo encarna un vacio que nos atrae sin posibilidad de regreso como espacio laberíntico misterioso donde queremos encontrar una respuesta al secreto de la vida.
La fama y el reconocimiento encuentran en el espejo un mediador que dominado es herramienta de la construcción de la identidad. De tal manera que es importante tener un espejo no solamente como imagen que mostrar sino como creador de la propia imagen, como retrato de construcción de virtud. El espejo permite ser lo que quiero ser. Los formatos virtuosos del espejo delimitan el concepto de individuo.
No obstante el espejo es objeto de uso cotidiano se constituye en distractor de lo real y lo esencial para reflejar las muecas y las señas de la vida diaria impuestas por la moda y las tendencias. El espejo es un engaño creado por el engañado, jugando el juego hasta sorprenderse al verse reflejado como un hallazgo inesperado. El reflejo fortuito revela la alteridad como una visión, como descubrimiento, no de introspección sino de una apariencia deseada. El lado derecho es el izquierdo y a la inversa casi como una travesura que rebasa a las deformaciones, las alteraciones, las asimetrías y las irregularidades.
Los espejos han sido considerados como espacios privilegiados para construir la búsqueda de la imagen del ser humano. La tradición occidental entiende la identidad como la cualidad de ser para sí mismo que puede ser capturada por la percepción visual.[[file:/C:/CRC/Descargas/Visiones desde el espejo julio 12.docx#_ftn8|[8]]] El espejo crea y transmite una visión construida del hombre en el mundo y se constituye en el reflejo del drama de la vida.





Bibliografía

Fuentes, Carlos.
El espejo enterrado. México DF: Taurus, 1997.
De Certeau Michel.
Invención de lo cotidiano 1, Editorial Universidad Iberoamericana
Georges Didi-Huberman.
Lo que vemos, lo que nos mira, Buenos Aires, Manantial, 2004.
Duby Georges
. Historia de la vida privada, Madrid, Taurus, 5 vols, 1987-1989 (or. 1987), codirigido con Philip Ariès. La casa y la familia
Geertz Clifford (1988) Interpretación de las culturas. Gedisa.
Belting Hans
Antropología de la imagen,// medio imagen cuerpo , Escudo y retrato dos medios del cuerpo.

López María del Pilar, En torno al estrado. Cajas de uso cotidiano en Santafé de Bogotá, siglos XVI al XVIII

Rodríguez Pablo (coordinador), La Familia en Iberoamérica, 1550-1980. Bogotá: Convenio Andrés Bello–Universidad Externado de Colombia, 2004

Martínez Aida La prisión del vestido: Aspectos sociales del traje en América (Colección Ariel historia)

GOMBRICH. E. Arte e ilusión. Ed. Gustavo Gili. Barcelona. 1979
Bozal Valeriano. El placer del gusto en España en el siglo XVIII.
Castellanos Ruiz Casto. Decoración y mobiliario en España en el siglo XVIII.
Rodríguez Víctor Manuel. Los espejos de Beatriz González, modernismo, postcolonialidad e identificación, artículo




1 Corrozet, Gilles. Les blasons Domestiques : Invention joyeuse, et moderne, Paris, Gilles Corrozet, 1539
2 Transcripción inédita de extractos de la recopilación poética de Gilles Corrozet.
3 Melchior-Bonnet, Sabine. “Historia del espejo”. EDITORIAL Herder Barcelona, 1996.

4 BOURDIEU, Pierre, “La distinción: criterio y bases sociales del gusto”
5 Melchior-Bonnet, Sabine. “Historia del espejo”. EDITORIAL Herder Barcelona, 1996.
6Melchior-Bonnet, Sabine. “Historia del espejo”. EDITORIAL Herder Barcelona, 1996, pág. 210.

7Voyeur: Etimológicamente la palabra voyeur deriva del verbo voir (ver). Es un espectador inmóvil, completamente absorbido por la escena que buscó descubrir. Tomado del volumen 24 de La gran enciclopedia Larousse GEL, página 11593.
8 Rodriguez victor Manuel.Los espejos de Beatriz Gonzalez, modernismo, postcolonialidad e identificación