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Limpieza de Sangre de Jorge Lozano de Peralta para obtener el título de Marqués de San Jorge. Museo Nacional de Colombia. Manuscrito. Elaborado entre 1772 y 1774. Ver Marqués de San Jorge

Este documento está conformado por un conjunto de papeles, tales como partidas de bautismo y de matrimonio del mismo "Marqués de San Jorge", de sus ancestros consanguíneos y de sus familiares políticos, así como documentación legal de la época en torno al proceso de adjudicación de "Títulos de Castilla" emitidos por el Rey Carlos III en 1771 a los "súbditos" o "naturales" del "Reyno".



La reunión de estos documentos cuidadosamente transcritos o anexados y encuadernados conforma un libro que hasta 1944 permaneció en Venezuela, fecha en la que el presidente venezolano General Isaías Medina Angarita hizo entrega de éste a la familia del presidente colombiano Eduardo Santos, recordándole en una dedicatoria el parentesco del Marqués con el prócer y mártir de la independencia Antonio Ricaurte, de la siguiente manera: "En esta ocasión me es particularmente grato obsequiar a usted el adjunto expediente de limpieza de sangre levantado por Don Jorge Lozano de Peralta, abuelo materno de Ricaurte, quien supo hacer de esa sangre generosa y heroica el más indeleble sello de la fraternidad colombo-venezolana." La portada del libro que se observa en la fotografía fue realizada en Venezuela en una fecha reciente y muy posterior al establecimiento de Colombia y Venezuela como repúblicas independientes y concuerda con la dedicatoria del mandatario venezolano, al resaltar la línea genealógica que conecta al Marqués de San Jorge de Bogotá con Antonio Ricaurte. Por otra parte, la portada original de 1772 que se alcanza a apreciar en la siguiente hoja en la parte superior dice:

"El S.or D.n Jorge Lozano de Peralta / Maldonado de Mendoza Marqués de S.n / Jorge de Bogotá. sobre que se le reciba
Ynformación de su Legitimidad, Limpieza / y Nobleza conforme a los instrumentos / presenta".


La enunciación de valores tales como legitimidad, limpieza, y nobleza, así como de cualidades propias de la nobleza como la generosidad y el heroísmo, suscitan reflexiones ineludibles, especialmente cuando nos proponemos pensar los nexos entre nuestra memoria viva con los momentos históricos que han definido buena parte de la configuración de nuestras sociedades, especialmente la relación entre el proceso de construcción de las repúblicas independientes con el pasado colonial. Si bien es cierto que la nobleza se refiere a un conjunto de cualidades, méritos y títulos que todas las sociedades han pretendido resaltar en formas particulares, la investigación histórica ha permitido observar que tal conjunto de valores no puede desligarse de una noción del derecho, directa o indirectamente ligado a la noción de propiedad y a sus implicaciones políticas, y como lo demuestra contundentemente la sociedad de la época colonial, a procesos de diferenciación entre grupos sociales, como lo es el sistema de castas que desembocó en el racismo del siglo XIX y XX, y que no deja de ser un tema crucial de reflexión para las sociedades actuales.

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En 1771 con motivo del nacimiento del nieto de Carlos III que suponía la continuidad de la soberanía de la Casa de los Borbones sobre los dominios españoles, se ofrece la ocasión para conceder títulos de Castilla a los vasallos del Rey. El Nuevo Reino de Granada no estaba excluido. A través de las diligencias del entonces Virrey Pedro Messía de la Zerda, quien propuso a Don Jorge Lozano, se haría realidad este reconocimiento. Para obtener éste, así como para otros fines, como estudiar en los Colegios y Universidades, y ocupar cargos, debía llevarse a cabo la demostración de la “limpieza de sangre”. Este proceso comenzó en 1772 cuando Jorge Lozano recibió la notificación de parte del Virrey y culminó en 1774 cuando el Virrey determinó cuáles habían sido los privilegios alcanzados. Los retratos de Joaquín Gutiérrez fechados en 1775, demuestran que para entonces, Lozano y su esposa habían alcanzado el título de Marqueses de San Jorge.

La protagonista de estos procesos de diferenciación y distinción social, con sus implicaciones en la configuración económica y política de una sociedad, es la familia, entendida no como el núcleo conformado por padres e hijos sino en un sentido más amplio, en las relaciones de este grupo nuclear con la familia extendida, padres, abuelos, familia política, incluso ancestros muy lejanos, y también padrinos y compadres. Son relaciones formalmente reflejadas en las oficinas del poder civil a través de testimonios personales y documentales pero que tienen su fuente primordial en las costumbres forjadas por la Iglesia Católica, de allí la importancia de registros como la partida de bautismo y de matrimonio. Es a partir de lo que estos documentos pueden corroborar de donde se constataba la "legitimidad" de la persona, de acuerdo con la "legitimidad" del matrimonio de sus padres y que buscaba perpetuarse a través de nuevas alianzas matrimoniales y del nacimiento de nuevos herederos.

Todos estos documentos son conservados en la catedral, y aquellos que corresponden a eventos celebrados en ciudades americanas como Bogotá o Quito, se encuentran clasificados dentro del registro de sacramentos administrados a “españoles”, como lo constata el encabezado de cada partida trascrita por el escribano de la arquidiócesis junto a los números y fechas de registro. Dentro de la misma clasificación están incluidos no solo, en el caso de los bautismos, los hijos de peninsulares nacidos en territorio neogranadino sino los nietos, bisnietos y tataranietos de peninsulares, es decir, familias que están muy bien establecidas en el territorio americano y que como en el caso de la familia del Marqués constituyen la cabeza del proceso de criollización fundamental para los subsiguientes procesos independentistas.

Otro componente importante que conforma buena parte del grueso del libro, es un conjunto de testimonios de doce personas destacadas, con altos cargos ligados a la Real Audiencia, el Santo Oficio de la Inquisición, la Real Casa de Moneda, el Real Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario y la Universidad Tomista, la Santa Cruzada del Arzobispado, entre muchos otros, que, bajo la "Religión del juramento" fueron presentados por el mismo Marqués de San Jorge ante la autoridad competente. Cada uno respondió un cuestionario acerca de la legitimidad de nacimiento del mismo Marqués, de su esposa, e hijos, y de sus ancestros, así como sobre la legitimidad de su matrimonio y el de sus ancestros y parientes políticos, y sobre su conducta moral, empleos e idoneidad para los títulos. De acuerdo con el sistema legal de la época, el Rey encargaba al Virrey elegir un candidato, teniendo en cuenta “sus distinguidas circunstancias, antigüedad de sus casas, buena conducta y señalados servicios, como por concurrir en ellas las correspondientes haciendas para mantener este distinguido honor con el lustre que se requiere.” El mayorazgo instituido desde principios del siglo XVII sobre la hacienda el Novillero, el mayor proveedor de carne de la región, a través de la ascendencia materna del Marqués le otorgaba dichas facultades. Éste expone su condición de heredero del mayorazgo de la familia Maldonado de Mendoza para lo cual solicita a las autoridades constatar la información inscrita en “los dos tomos del Noviliario de este Nuevo Reyno de Granada, que recopiló Don Juan Florez de Ocariz; en la Historia Genealógica de la Casa de Lara que escribió Don Luis de Salazar y Castro, comendador de Zurita en el Orden de Calatrava; y en la Monarquía Española Blasón de su Nobleza su Autor Don Juan Felix Francisco de Rivaxola y Pineda.” En vista de las circunstancias, el derecho español le permitía al Marqués ser continuador de la tradición ancestral y lo instaba para reafirmar los nexos entre propiedad y prestigio tanto en su persona como en sus descendientes. En un aparte del documento el Marqués hace alusión a la legitimidad de su familia y particularmente de su hijo primogénito, heredero del mayorazgo, quien en ese momento ofrece servicios al Rey como encomendendero en Támara y Morcote.

La importancia de estos servicios hacía de los cargos ejercidos otro signo de prestigio social, lo que explica el intento llevado a cabo por el Marqués para obtener los privilegios concedidos en el siglo XVI a un antepasado de origen quiteño relacionados con labores de justicia, que finalmente no le fueron concedidos. También el matrimonio con la Marquesa parece tener más relación con la necesidad de establecer nexos con elementos de prestigio que con alianzas económicas, ya que se piensa que la familia de la marquesa estaba en la ruina al momento de casarse y que su dote la proporcionó su marido. En el mismo aparte acerca de la legitimidad de su familia se refiere al origen de la Marquesa, "hija del Presidente de la Real Audiencia".

El matrimonio como tal se consideraba al contrato firmado por los contrayentes ante la presencia del arzobispo. La partida de matrimonio ratifica la legitimidad de cada uno de los novios y de sus familias. El acto era acompañado por uno o dos padrinos, no necesariamente hombre y mujer, y varios testigos. El carácter de contrato del matrimonio se deja entrever en el hecho de que en ocasiones el novio no podía estar presente y delegaba a un apoderado. La ceremonia llamada de "velamiento y bendición", según los documentos de relación, era una ceremonia diferente oficiada por un cura delegado por el arzobispo y, al cotejar las diferentes partidas de matrimonio incluidas en el libro, era común que se llevara a cabo varios años después del contrato en la catedral, años en los que transcurría el nacimiento de los hijos. Cuando los marqueses efectuaron esta ceremonia tenían ya 5 de sus 7 hijos. Sin embargo, los desposados ya se consideraban legítimamente unidos.

El matrimonio no era solo la unión entre grupos familiares sino también alianzas con individuos más o menos libres de lazos de parentesco pero que ocupaban un rol destacado dentro de la sociedad o ejercían cargos importantes. Entre los padrinos de bautismo de los hijos del matrimonio de los marqueses figuran dignidades civiles y eclesiásticas con cargos tales como canónigo de la catedral, comisario del santo oficio, tesorero de la santa cruzada, alcalde ordinario, abogado de la real audiencia, regente del tribunal de cuentas, y provincial de una orden religiosa. Entre los testigos figuran por lo general personalidades destacadas igualmente por su dignidad civil o eclesiástica, y en una ocasión se encuentra entre ellos un miembro de la familia de artistas, los "Maestros" Figueroa. Gran cercanía con la orden religiosa de San Agustín, de la cual se dice provenía el círculo de cofrades entre los cuales se encontraba el Virrey. El Mismo Marqués de San Jorge, antes de alcanzar su título, ostenta los cargos civil-militares de Alferez Real y Sargento Mayor....