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INFORMACIÓN DE LIMPIEZA DE SANGRE PARA ENTRAR A LA UNIVERSIDAD

Oscar Romero

A partir de la lectura de “nobleza e hidalguía. Real Colegio Mayor y Seminario de San Bartolomé. Colegiales de 1605 a 1820”. Investigación de Jorge Tomás Uribe Ángel. Instituto Colombiano de Cultura Hispánica. 1996.


Imaginémonos las veces que un joven, miembro de una influyente familia del último siglo colonial quiso convertirse en inquisidor, alcalde, militar, etc., Él y su familia debían acudir donde un amigo, miembro de un importante linaje, para pedirle que rindiera testimonio ante las autoridades reales sobre el honor de su propio linaje. En la entrevista las autoridades le harían preguntas como si conoce al susodicho, si conoce a sus padres y a sus abuelos y demás ascendientes, si sabe de otros apellidos y la parte por la cual le corresponden, si sabe cuál es su origen, si sabe de la existencia de apellidos como los de aquel en la región cercana, si son moralmente aceptables, si tienen el mismo origen o si son diferentes, si traen las mismas armas, si conoce entre los habitantes que haya dudas o mal parecer sobre sus antecedentes, conductas o limpieza de sangre...

En la época colonial, las leyes monárquicas y las costumbres tradicionales establecían que los cargos importantes relacionados con la administración eclesiástica civil y militar debían recaer sobre la nobleza española para asegurar un mejor control desde la Península. Por eso, siendo las instituciones educativas los lugares donde se formaban esos funcionarios, y en un medio donde el mestizaje era una práctica real, los aspirantes debían demostrar su “limpieza de sangre”. Para ello solicitaban a un pariente o amigo muy cercano a su familia, testificar a través de un cuestionario que pretendía indagar sobre su procedencia familiar, religiosa, profesional y moral. Todos los funcionarios que vemos en los retratos tenían que cumplir con este requisito: virreyes, arzobispos, eclesiásticos, religiosos, alcaldes, jueces, inquisidores. Muchos de los próceres de la independencia, habiendo nacido en plena época colonial, hicieron uso de este mecanismo. Aunque en lugares como México y el Perú la nobleza indígena tenía el derecho legal de acceder a este privilegio, y en Nueva Granada se impuso el uso del caciquismo, todos los pretendientes a los altos cargos debían demostrar su pertenencia al linaje español. Solo los que podían heredar, ejercer, o ganar nobleza, podían estudiar en los colegios y universidades reales. Las directivas y los propios colegiales apoyaban las medidas para la selección estricta de los miembros de la nobleza.


INICIALMENTE, PARA LOS FUNDADORES DEL COLEGIO JESUITA, CREADO ORIGINALMENTE PARA LA FORMACIÓN DE LOS ECLESIÁSTICOS, DEBÍAN EXIGIR ESTUDIANTES CON LAS SIGUIENTES CARACTERÍSTICAS:

HABILIDAD MEDIANA O SUPERIOR
CARECER DE RECURSOS PARA COSTEAR SU PROPIA EDUCACIÓN
SABER LEER Y ESCRIBIR
SER PERSONA DE BUENAS COSTUMBRES
HABER SIDO BAUTIZADO
SER DESCENDIENTE DE ESPAÑOLES
QUE SUS PADRES SE HAYAN CASADO POR LA IGLESIA
PREFERIBLEMENTE TENER UN CONQUISTADOR ENTRE SUS ANCESTROS


AL TIEMPO, LOS DOMINICOS, FORMADORES DE LOS JUECES INQUISIDORES, SOLICITABAN:

SELECCIONAR EXCLUSIVAMENTE “LO ESCLARECIDO EN NOBLEZA”, POR LO QUE EXIGÍA PRESENTAR LA INFORMACIÓN DE “LIMPIEZA DE SANGRE”:

ESTUDIANTES ILUSTRES EN SANGRE
HIJOS DE MATRIMONIO LEGÍTIMO, AL IGUAL QUE SUS PADRES Y ABUELOS
NO HABER EJERCIDO OFICIOS BAJOS
NO TENER SANGRE DE LA TIERRA, SALVO AQUELLA QUE PERTENECIERA A LA NOBLEZA INDÍGENA
SER ALGUIEN “DE GRANDES ESPERANZAS PARA EL BIEN PÚBLICO”

A finales del siglo XVIII y Antes de la Independencia, la situación se resolvía en que los colegios dominico y exjesuita negaban el acceso a todos los que no presentaran las siguientes “informaciones” (Si actualmente se nos obligara a responder estos cuestionarios nos daríamos cuenta que la mayoría de las personas no podía acceder a la educación superior):


Imagínese respondiendo a este cuestionario:

Para empezar hay que tener en cuenta que se sobreentendía que solo los hombres podían aspirar a la educación superior

Los padres del candidato debían estar casados por la iglesia y el candidato debía estar bautizado

El candidato, así como sus padres, abuelos y demás ancestros, debían ser “limpios de toda mala raza de moros (musulmanes), judíos y penitenciados por el santo oficio”, así como de “las razas de indio y negro esclavo”, y aún de “infieles, herejes (protestantes), prosélitos (conversos), mulatos y mestizos”

El candidato y su familia debían ser “blancos, nobles y caballeros”

Para comprobar la nobleza de la persona, los ascendientes debían haber ocupado “empleos de república”, como alcalde ordinario, militar, o haber obtenido algún grado o título oficial. Por ningún motivo haber ejercido “oficios viles o mecánicos” (todos los que no estuvieran directamente involucrados con la administración político-económica, aunque fueran reconocidos como necesarios)

Por ningún motivo los ascendientes podían haber sido acusados de algún crimen o juzgados por la inquisición. Los crímenes a que se refiere eran en su mayoría religiosos.

El candidato debía pertenecer a una familia “noble, autorizada y conocida”

Los anteriores maestros del candidato debían ser reconocidos como “gente ejemplar, noble y calificada” y haber “servido prebendas” en alguna de las ciudades principales del virreinato.

El candidato debía ser “inclinado a las letras”

El candidato debía ser “de buena vida y costumbres”

El candidato no debía tener antecedentes de expulsión por parte de ninguna orden religiosa o colegio

El candidato no podía sufrir una enfermedad permanente y menos contagiosa

El candidato no podía tener ascendentes acusados de traición a la corona real.