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Retrato de El Señor Don Jorge Miguel Lozano de Peralta, y Varaes, Maldonado de Mendoza, y Olaya, Ilustrísimo Marqués de San Jorge de Bogotá. Octavo poseedor del mayorasgo de este nombre. Ha servido los empleos de Sargento Mayor Alferes Real y otros varios de República en esta corte de Santafé, su Patria. Óleo sobre tela. Autor: Joaquín Gutiérrez. Fecha: 1775. Museo de Arte Colonial

SIGNOS DEL PODER

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Estandarte del Señor Don Carlos III, Católico Monarca de Castilla, León y las Indias

En el Archivo General de Indias de Sevilla se conserva la carta firmada por el Alférez Real Jorge Lozano de Peralta y la certificación adjunta del escribano del cabildo de Santafé, dirigidos al Rey Carlos III para dejar constancia de los actos realizados el 6 de agosto de 1760 con motivo de su proclamación como nuevo soberano. El acta del archivo redactada en 1761 dice: "El Alferez Real Don Jorge Lozano de Peralta. Da cuenta con testimonio, del lucimiento, gasto, y explendor con que manifestó su zelo en la proclamación del Rey nuestro Señor... El Alferes real de la Ciudad de Santafee de Bogota, del nuevo reyno de Granada Da cuenta con documento de hauer tenido el distintiuo como impoderable acto de honor, de proclamar el real nombre de V.M." La Carta de Jorge Lozano, firmada el 19 de septiembre de 1760, dice lo siguente: "SEÑOR / El distinguido honor de hauer proclamado el Real nombre de V.M. en esta Capital lo acredita el adjunto instrumento, que con el mas profundo rendimiento, dirijo á las reales manos de V.M.: Y aunque para acto de tan eleuada atención correspondia sujeto de mayor explendor acseda a este merito el sacrificio de mi voluntad, que inflamada solo aspira â emplearse en servicio de V.R.P. / Nuestro Señor Guarde la Catolica Real Persona de Vuestra Magestad los muchos años que la Christiandad ha menester. Santa fee 19 de septiembre de 1760. / Jorge Lozano de / Peralta (rubricado)". Según el escribano, Don Francisco Navarro Pelaes, el cabildo se había encargado de hacer "manifiesto en la Plaza Mayor vn sumptuoso Theatro, adornado de preciosas Telas, que en Simetria puesttas, formavan apacible vista: Siguiendo a su igual las Balconerias de dicha plaza, descubriendo en sus Arcos fingidas Columnas de Christales, cuias luces despertaban los sentidos". En medio de la cantidad de personas que se paseaban por la plaza, que al parecer, los cabildantes no habían logrado organizar, los ejecutores del ceremonial lograron robarse la atención montados a caballo y ataviados, ellos y sus caballos, con sus mejores galas hasta el tablado de la sala capitular del cabildo donde ejecutaron algunas de las fórmulas ceremoniales: "señalandose estos con sus mejores Galas, llevandose la atencion los Capitulares de este Ylustre Cavildo por la igualdad de los Vesttidos de ricas telas, sobresalientes Jaeces, hermosos Cavallos, que al blanco eco de los Abúes, marchaban a la Cassa de su Ayuntamientto. No siendo menos el cuerpo de Tropa, que los Vecinos distinguidos, y Mercaderes formaron, demonstrando el regocijo en lo costoso de las galas, y Jaeces. llegada la hora para tan plausible acto, dirixieron vno y otros su marcha a la Cassa del Señor Alferez Real Don Jorge Lozano de Peralta, en cuio Balcón, que mirava a la Plaza, se dejava ver el Real Pendón, bajo vn dosel de terciopelo Carmesi con sobrepuesttos de Cornucopias christalinas, y Arañas de plata, que a disttancia puestas, hacian preciosa Simetria; Luego que llegaron, fue tomado el Real en su puertta, retrozedio el acompañamiento a las Casas del Ayunttamientto. Empuñado, que fue el Pendón, y manifiestto al Publico, tomaron silencio todos al ver la Grandeza, y obstentazion del Señor Alferez Real, que vesttido de vna costosa Gala, y joya de esquisitto valor, con extremado ayre manejava el Cavallo, el que enjaezado con aderezo de sobresaliente explendor, animaba el Brutto su espiritu al verse tan adornado: Seguianle otros dos Cavallos con igual adorno, conduciendolos dos Palafreneros con libreas de Grana, galoneadas de plata, y a esttos, quattro Lacayos con sus Vniformes correspondientes, astta el lugar destinado, en donde hauiendose presenttado en la Sala Capitular el referido Señor Alferez Real, fue reseuido por el Señor Provisor del Arzobispado, y Prelados de todas las Religiones, y poniendo Yo dicho Escrivano los Santtos Evangelios en la Mesa, que bajo del Dosel, se halla, hizo sobre ellos el juramento de fidelidad acostumbrado, de cuio actto, tomando el Real Pendon, siguio al Theatro acompañado de todos los Capittulares, y el Cuerpo de Tropa formado en dos Columnas con espada en mano, en cuio Theatro, que hacia frentte a el Balcon de Palacio, hizo el acatamiento deuido al Exmo Señor Virrey, señores oydores, y demas Tribunales, y puestto en el lugar correspondientte, y a sus lados los Señores Alcaldes ordinarios Procurador General, y Yo el presentte Escrivano, los Reyes de Armas, que en Quadro del Theatro estavan, repitieron por tres veces, silencio, silencio, silencio: ôyd, oyd òyd: A cuio eco, silenciado el tumultto, en alta voz dixo dicho Señor Alferez Real por las mismas tres veces, Castilla, Leon, y las Yndias por el Señor Don Carlos tercero, y enarbolando el Real Pendon, levantto la voz el numeroso concurso de gentes de todas clases, que llenaban los Balcones, y Plaza, expresando su regocijo con los Vibas repetidos con que aclamaron a su Rey, executtando lo mismo el Señor Alferez Real en el dilatado tiempo que estubo arrajando monedas cuñadas para estte efectto, con el rostro de nuestro Catholico Monarcha, y armas de estta Ciudad, las que mantenian los Reyes de Armas en los hermosos fuenttes de Platta sobredoradas: concluido estte actto bajaron del Tablado, y tomando los Caballos, salieron al mismo tiempo los Señores de la Real Audiencia, Tribunal de Quenttas, y de Real Hacienda, que incorporados siguieron el Paseo por las Veintte y dos calles acosttumbradas, cuias benttanas y Balcones visttosamente compuesttos hacia maior el lucimiento, como tambien el Venerable Dean, y Cavildo de estta Ciudad, y Porticos de las Religiones, que aderezados con la maior sumptuosidad, presenttes en ellos sus Prelados y Comunidad, escucharon la Proclama, que dicho Señor Alferez Real hizo, arrojando al mismo tiempo suma de monedas, que demostravan el regosijo, a que accedio su garbo. Concluido el dilatado paseo, en la Plaza maior, se separaron de él los Señores de la Real Audiencia, y demas tribunales, siguiendo los Señores del Ylustre Cavildo, y demás acompañamiento, y llegados a la Casa de el Señor Alferez Real, puestto el Real Pendon en el Balcon de su destino, guardado por los Reyes de Armas, condujo el Señor Alferez Real a todos los circunstanttes a las piezas de la casa, las que entapizadas de Damasco, y Espejos, descubrían el corazon magnanimo de su Dueño, no siendo lo menos en la cantidad de Monedas, que por los Balcones arrojó, como en las sumptuosas mesas, que de dibersas, y abundantes Bebidas para el refresco estauan preparadas, haciendo mayor eco el conciertto de Musica que continuadamente resonaua, y Diversiones que asta tarde de la noche se mantuvieron, continuandose los Vibas en los Balcones que iluminados hacian a su vistta maior el concurso. Al dia siguiente siette de Agosto fue celebrada en la Yglesia Cathedral misa solemne de gracias por el Señor Arzobispo con asistencia de Exmo. Señor Virrey, Audiencia, y demas Tribunales, Cavildos eclesiastico, y secular, clero, Comunidades, Colegios, encomenderos y vecinos de estta Ciudad, desde cuio dia hastta el veintte y dos con festibas aclamaciones de iluminacion, fuegos Mojigangas y corridas de toros, manifestaron estte Ylustre Cabildo, y el Señor Alferez Real el amor y fidelidad a nuestro Catholico Monarcha el Señor Don Carlos tercero..."

BIOGRAFÍA DEL PERSONAJE

'Don' Jorge Miguel Lozano, mínima fórmula de respeto con que podría ser interpelado en vida, además de 'Señor', 'Ilustrísimo' o de la enumeración de sus apellidos, fundamentales para su denominación como 'Marqués de San Jorge', junto con sus riquezas y sus "servicios a la Corona", nació en Santafé de Bogotá el 13 de diciembre de 1731 y murió el 11 de agosto de 1793 en el convento de la recolección de San Diego de Cartagena de Indias. Considerado uno de los hombres más acaudalados y poderosos del Nuevo Reino de Granada. Padre de Jorge Tadeo Lozano, su familia conforma quizá uno de los ejemplos más fascinantes para acercarse a los cambios y permanencias que se sucedieron entre las dos últimas generaciones de la época colonial especialmente desde el punto de vista de una antropología política atenta a la devoción de las élites neogranadinas, tanto criollas como peninsulares, por los signos asociados a la monarquía española y a su nobleza civil, militar y religiosa (Su hijo, Jorge Tadeo Lozano, quien fue el principal impulsor de la "Sociedad Patriótica" de Santafé -cuyo propósito era implementar la modernización económica y social de Nueva Granada bajo el espíritu del despotismo ilustrado-, emprendería, en tiempos independentistas, la malograda creación de una monarquía constitucional cundinamarquesa que respetara el poder de la nobleza española tanto como los principios de una república federalista; y tras años de disputas civiles sería encarcelado y condenado a la pena capital según los principios jurídicos del estado monárquico que defendía).

En el cuadro que hace parte de la colección del Museo, la cartela destaca los apellidos de sus abuelos paternos (españoles "peninsulares"), el oidor Jorge Lozano de Peralta y doña Francisca de Varaes, a través de la cual habría recibido parte de la herencia de doña Ana de Varaes, duquesa de Savarica. La cartela destaca también los apellidos de su ascendencia materna, remontándose al linaje del conquistador Antón de Olaya, primer dueño de las tierras de "El Novillero" por merced real, cuya hija y heredera Jerónima de Orrego se casó con el almirante y caballero de Santiago Francisco Maldonado de Mendoza, quienes a su vez fundaron el mayorazgo de "El Novillero" en 1610, con la aprobación real de Felipe II, y del cual Jorge Lozano sería también heredero. De esta manera, el retrato y el nombre resaltan la hidalguía (americana) y la nobleza (peninsular) de quien había heredado riquezas y poder a través de la unión de familias de encomenderos, mineros y burócratas españoles. La conocida anécdota de la unión de sus padres ilustra bien la manera en que las élites criollas concebían no solo las alianzas de poder sino la importancia de asociarse con signos de poder que les proporcionasen un buen grado de distinción. Los Caicedo, la familia criolla de la novia y entre ellos su tío, el cura catedralicio, presionaron el casamiento de su hija con el hijo del oidor español, quien se oponía a la boda de acuerdo con la prohibición real de establecer nexos entre funcionarios reales y familias de las colonias, pero que a la postre se vería beneficiado de las riquezas de la familia criolla aún a costa de la pérdida del cargo que le sería impuesta como sanción. A través de estas alianzas, Jorge Lozano heredó los mayorazgos del mencionado "El Novillero", así como el del colindante vínculo de Pastrana, además de las propiedades españolas de su abuelo paterno. Después de realizar estudios de derecho en el Colegio Mayor del Rosario, se dedicó de lleno a constituir una importante red comercial en la región cundiboyacense que combinó con una importante carrera política al ser elegido por primera vez en 1754 como regidor (colaborador encargado de las funciones ceremoniales del Rey) del cabildo de Santafé. Durante el reinado de Carlos III, en 1772, el virrey Messía de la Zerda erigió en marquesado el mayorazgo de El Novillero, de modo que Jorge Lozano recibió el título de Marqués de San Jorge, y lo utilizó hasta su muerte a pesar de no haber pagado los derechos que le exigía la Real Audiencia. Fue común en el siglo XVIII la compra de estos derechos entre muchos terratenientes, que además de adquirirlos para sus esposas, podían heredarlos a sus hijos o hijas primogénitos y a sus cónyugues. La Real Audiencia del Nuevo Reino de Granada le retiró la merced cinco años después prohibiéndole el uso del calificativo y de las armas. A pesar de este hecho, el título del marquesado fue utilizado por los herederos del mayorazgo al menos hasta su disolución en 1824. Lozano ocupó sucesivamente los cargos gubernamentales de alcalde ordinario de Santafé (éntre cuyas funciones estaba dirimir disputas entre ciertos pobladores) y de la santa hermandad (especie de alto mando político-militar remunerado por el concejo del cabildo), Alférez Real (encargado de representar al rey a través de su estandarte y símbolos), diputado de abastos de santafe (regulación de negocios y comercio), mayordomo de propios (control y administración de las arcas del municipio), y, en representación del cabildo capitalino, padre de menores (encargado de la admnistración de justicia a los "menores"?, niños e indígenas?), miembro de la congregación de nobles de nuestra señora del Rosario del templo de San Agustín, donde se encontraban el virrey, los oidores de la real audiencia, los oficiales de la real hacienda y demás altas esferas.



RETRATO

La pintura ha sido un recurso no sólo técnico sino también simbólico para las culturas prehispánicas y para los procesos desencadenados con la conquista, colonización y conformación de las identidades y subjetividades en la América católica. El tema religioso estuvo presente en todos los rangos y espacios sociales y en todas al artes. De hecho la sociedad colonial poseía dos clases de clientes importantes para las obras religiosas: las iglesias y las familias, en principio las más capaces de financiar la fabricación y compra de una obra. Durante el siglo XVIII, aunque el poder de la iglesia y la devoción de las familias se mantiene, tras la incorporación del virreinato borbónico, se dieron cambios importantes que condujeron a la representación de nuevas temáticas, como lo ejemplifican los biombos pintados con escenas de la vida cotidiana y de la vida cortesana en Santafé en la primera mitad del siglo. Estos cambios son indicativos de una mayor concentración del poder civil que comienza a imponerse paralelamente al religioso, y en una relación en todo caso estrecha, ya que lo religioso tiende a consolidarse como símbolo de estatus del poder civil. Sin duda alguna este cambio está relacionado directamente con la asimilación del sistema político del Virreinato que se consolida durante la segunda mitad del siglo XVIII en Nueva Granada.
En las distintas ciudades del imperio español el retrato del rey hacía parte de las ceremonias públicas y llegó a ser frecuente que muchas familias de alto rango tuvieran un retrato del rey en su casa. Tanto el sentimiento de la presencia que hacía posible el retrato como la idea de demostrar un vínculo con la nobleza a través de sus signos fueron preocupaciones que el retrato personal y familiar podía satisfacer. Los signos de distinción social proceden de la participación y el éxito en empresas económicas, así como en los estamentos burocráticos de la sociedad, en las instituciones del catolicismo, en la fundación y mantenimiento de mayorazgos y en la consecución de títulos nobiliarios. El sistema monárquico concedía estos títulos a los criollos que de alguna forma contribuyeran militar, política o económicamente a la Corona. Una vez alcanzados estos títulos, para mantener sus privilegios los nobles acostumbraban mantener una costosa vida pública de ostentación que se veía reflejada en su vida cotidiana: la casa, los muebles, el vestido, los sirvientes, los carruajes, las ceremonias, las obras pías, y por supuesto, los retratos en que se condensaban los signos de distinción considerados esenciales para la nobleza. Estos retratos solían colgarse en el salón principal de la casa, umbral entre lo público y lo privado. Retratos americanos como los de los marqueses de San Jorge caracterizaban al personaje de cuerpo entero o medio cuerpo tratando de transmitir una actitud "noble" según el esquema compositivo de los pintores de cámara europeos. la actitud, junto con los diferentes signos de poder, entre los que sobresale el escudo nobiliario y la cartela con el nombre, apellidos, cargos y títulos que era la mejor forma de ratificar el linaje distinguido de los retratados, integrándose a ellos los detalles de la vestimenta y las joyas.

Cabe preguntarse por la especificidad de este género de retratos al óleo, que podríamos denominar someramente como "retrato de poder", en relación al contexto de la pintura en el Nuevo Reino de Granada, tanto aquella anterior de género religioso, aún cuando pueden encontrarse algunos retratos de donantes al interior de pinturas de tema religioso, como al nuevo género de retratos en miniatura que comienza a desarrollarse en paralelo con el retrato de poder y con relación al surgimiento y perfección que alcanzará la pintura naturalista de la expedición botánica. El pintor de los retratos de los marqueses, únicos ejemplares firmados y fechados que se conocen de su obra, es también conocido como "el pintor de los virreyes", por atribuírsele una serie completa de los primeros virreyes de Nueva Granada. También se le atribuyen retratos de varios personajes de la época como rectores de los colegios de Santafé, superiores de órdenes religiosas y otros personajes civiles y religiosos. En lo concerniente al género religioso, también se le atribuyen varias obras relacionadas con el culto a los santos y a la sagrada familia que puden reconocerse por su equilibrio si se comparan con otras obras de tendencia más escatológica y por un colorido muy similar al de los retratos de los marqueses que ha llevado a pensar en su carácter descriptivo y en cierto modo naturalista, aunque parece haberse confirmado que no participó en el grupo de pintores de láminas de la expedición botánica, se sabe que fue maestro de uno de ellos, que también fue pintor de retratos. La idealización de la belleza y la preeminencia de los temas religiosos en el arte occidental hicieron del retrato un género difícil y considerado como secundario, que en las cortes europeas alcanzó altos grados de sofisticación y que en Nueva Granada representó la oportunidad de trabajar directamente con los modelos, ya que la mayoría de pintores de temas religiosos lo hacían a partir de grabados importados. Se sabe muy poco de la relación que el pintor Joaquín Gutiérrez sostenía con la élite de criollos y peninsulares en Nueva Granada, solo que el Marqués de San Jorge lo contrató para pintar su propio retrato, así como el de su esposa y posiblemente un tercero de su hermana. Para esta época Jorge Lozano había obtenido el título tres años antes y ya tenía varios hijos con su esposa. Tratándose de las únicas dos obras firmadas por el pintor, estos retratos son fuentes fundamentales sobre los que los investigadores han establecido sus juicios. Interesa qeuí señalar la proximidad que se ha establecido con la estética dominante en el siglo XVIII de influencia francesa, que además de reflejar la cultura de la época, por ejemplo a través del vestido, muestra algunos rasgos como el triunfalismo, la ostentación y la teatralidad que se han interpretado como una similación propia del rococó, con cierta independencia del barroco postridentino. Su manejo del color y la luz, del trazo y la línea, de la anatomía y la expresión, la observación de los detalles y el esquema del espacio confieren un caracter particular, en cierto sentido "neogranadino" a esta imagen, que refiere especialmente el propósito para el cual fue encargada: la exhibición de insignias de poder: El escudo de armas de la familia Maldonado de Mendoza, la banda de la orden de Calatrava que el marqués donó al Colegio Mayor del Rosario, el bastón de mando, la espada, el rosario de esmeraldas (con el escudo de los dominicos?), el vestido francés con brocado de oro y el tricornio, la cartela, la pose de caballero. Para un estudio más detallado del retrato de corte, ver Retrato de Virreyes.

BIOGRAFÍA DE JOAQUÍN GUTIÉRREZ
primeras décadas del siglo XVIII - habrá vivido para pintar el retrato del virrey Amar y Borbón (1803-1810)?

Retratista y miniaturista. Estudió pintura en Bogotá en el taller de Nicolás Banderas (obra desconocida, probablemente pinturas religiosas), supuesto discípulo y seguidor de Vásquez, junto con Bernabé de Posadas (aficionado a los diablos y los espantajos: San Miguel y el diablo en la iglesia de las aguas, Espéculo de las aguas que representa un castigo a la "vanidad" y terminó quemado por uno de los párrocos de las Aguas, Vida de San Nicolás de Tolentino del convento del desierto de la Candelaria, Apostolado de la iglesia de la Tercera) y maestro de Pablo Antonio García del Campo (pintor botánico, retrato del virrey-arzobispo Antonio Caballero y Góngora, pintor de cámara del mismo arzobispo, retratos de Carlos III y José Celestino Mutis, entre otros, pinturas religiosas como La Anunciación de la catedral, y Alegoría para el colegio de la Enseñanza). Activo en Santafé desde mediados del siglo XVIII. La pintura de tema religioso realizada por Gutiérrez demuestra su cercanía con las generaciones anteriores y la pervivencia de una tradición que permanecería ligada al culto católico en Cundinamarca, Boyacá y Antioquia: Serie de 26 pinturas sobre la vida de san Juan de Dios para la iglesia de la orden hospitalaria encargada por Fray Juan Antonio de Guzmán, Alegoría del convento de las Carmelitas, Santa Teresa Pastora, Sagrada Familia con San Juan Bautista y San Agustín, La Virgen y el Niño, parte de la colección del Museo; la Virgen de la peña o la Sagrada Familia con un Ángel, San Emigdio, patrón de los temblores, San Juan Nepomuceno, modelo de la confesión, San Nicolás de Bari, ejemplo de generosidad y patrón de la navidad, retratos e imágenes de santos fundadores y fundadoras de las órdenes religiosas existentes en Nueva Granada y personajes de esas órdenes. Según el Diccionario de Artistas en Colombia, en 1754 y 1759 pintó los retratos de "Ceremonia de láurea de seminaristas" (que se identifican como los cuadros de Defensa de Tesis que posee el Museo); en 1775 realiza los retratos de los marqueses y el de Mariana, hermana del marqués. Aunque no se tienen pruebas determinantes se le atribuye la serie de retratos de Virreyes que se habrían encargado según el Diccionario de Artistas hacia 1780 en un solo conjunto (se incluirían los retratos de los virreyes Jorge de Villalonga (1719-1724), Sebastián de Eslava (1740-1749), José Alfonso Pizarro (1749-1753), José Solís (1753-1761), Pedro Messia (1761-1772), Manuel de Guirior (1772-1776). Habría que considerar si es apropiado atribuirle el retrato del virrey Manuel Antonio Flores (1776-1781). Existe un retrato del malogrado virrey Juan de Torresar que también podría atribuírsele a Gutiérrez. Según Fernando Restrepo Uribe (Revista Credencial) el retrato de Antonio Caballero (1782-1789) fue pintado por Pedro García del Campo. A partir de esta hipótesis habría que dudar de la autoría atribuida a Gutiérrez de los retratos de virreyes posteriores como el de Francisco Gil de Taboada (1789) y Antonio José Amar y Borbón (1803-1810). ¿Se conocen retratos al óleo de los virreyes José Manuel de Ezpeleta (1789-1797) y Pedro Mendinueta (1797-1803)? Se le atribuye también el retrato del alcalde Eustaquio Galavis, así como una larga lista de rectores de los Colegios del Rosario y San Bartolomé, oidores y miebros del capítulo metropolitano de Bogotá y un par de retratos en miniatura de marqueses neogranadinos cuya identidad no se ha precisado pero se piensa que podría tratarse de los marqueses de San Jorge o los de Surba (la familia de la madre Josefa del Castillo).