La prensa como espacio público.

David Antonio Navarro
Museo de Arte Colonial

La aparición de la prensa a finales del siglo XVIII en el Nuevo Reino de Granada, es un acontecimiento que no puede separarse de las condiciones sociales de la época en la que apareció el primer impreso que podemos considerar importante el Papel periódico de la ciudad de Santafé de Bogotá (1791), debido a que la sociedad neogranadina había empezado a transformar las prácticas educativas y a generar nuevos escenarios de socialización diferentes a las plazas e iglesias coloniales. Estos cambios influirán enormemente en la consolidación de un grupo de personas que empezaron a circular el conocimiento en escenarios diferentes a los colegios mayores y conventos que eran las instituciones oficiales de formación en el conocimiento, exclusivas para los “españoles nacidos en América” y donde se habían educado la mayoría de estas personas.

Los nuevos escenarios de socialización que estaban apareciendo, en el fondo estaban configurando un nuevo espacio en la sociedad neogranadina, en donde se expresa y construye una comunidad que se autodenomina como “hombres de luces” y se adjudica una autoridad científica y moral para ser promotores de un proyecto social y científico que ayude al “buen gobierno del Reino” (Nieto, 2009:126). Por lo tanto, los nuevos escenarios que empiezan a configurarse no pueden separarse de unos ideales ilustrados que ven en la ciencia y en la educación la forma de hacer prosperar un pueblo, encontrando en la prensa la manera más adecuada de comunicar los ideales a toda la población y crear las condiciones para la formación de “gobierno ilustrado”.

La comunicación y producción de los ideales ilustrados por medio de la prensa indica la existencia de un público ilustrado que está configurándose como portavoz del conocimiento, de esta forma, “La comunicación y la producción del conocimiento son una y la misma cosa y podemos asegurar que no existe conocimiento sin público” (Nieto, 2009:13); la formación de este conocimiento ilustrado se presenta en el espacio público donde es posible el debate y la crítica a partir de la circulación de ideas que permite la imprenta, “Tanto las posibilidades de circulación de ideas que ofrece la prensa, como el hecho de contar con un público lector son condiciones de posibilidad del conocimiento” (Nieto, 2009:14). Este espacio público es la expresión y construcción de unas prácticas sociales que se están dando en las tertulias que mantienen estas personas ilustradas, donde el orden social y natural empieza a ser objeto de discusión a través de la lectura común de libros y panfletos. Es decir, las tertulias son el escenario donde el espacio público emerge y se consolida como un proyecto ilustrado, defendido por una comunidad que se autoproclama como portadora de las luces y digna heredera del proyecto en el campo del conocimiento y en el político.

En resumen, la formación de la prensa como espacio público es un acontecimiento ilustrado que surge en comunidad a partir de las tertulias que permitían la comunicación del conocimiento.

La imprenta en la Nueva Granada: un acontecimiento tardío

La aparición de la imprenta en el Nuevo Reino de Granada fue un acontecimiento tardío comparado con Nueva España y Perú que contaban con una decena de imprentas desde mediados del siglo XVI. Este relativo “atraso” alimentó el sentimiento de aislamiento frente al conocimiento y las letras de muchos neogranadinos que veían como una carencia la falta de libros y una cultura “letrada” para el buen sostenimiento del reino; “Así, su implementación fue justificada con argumentos sobre la prematura de la imprenta como un instrumento indispensable para llevar a feliz término los procesos de civilización, orden moral y político que requería el imperio.” (Nieto, 2009:17). De esta forma, la parición de la imprenta es un fenómeno que no puede desligarse de un proyecto político que tenía como prioridad hacer efectivo el control de la corona sobre los territorios neogranadinos.

Los primeros intentos de sostener una imprenta se registran a mediados del año de 1735, cuando la compañía de Jesús había introducido algunas “cajas de letras”[[1]]] y contaban con un novicio que ejercía el oficio de impresión llamado Francisco de la Peña (Silva, 2003:14). Sin embrago, el permiso de impresión fue otorgado hasta el año de 1737 por petición de los jesuitas para que sirviera a la formación moral y religiosa del reino. De esta imprenta, salieron algunas novenas, volantes y hojas sueltas sin mayor importancia, además la precariedad de las condiciones técnicas hacía imposible el funcionamiento de un trabajo editorial amplio y complejo; podemos decir entonces, siguiendo a Renán Silva, “los Jesuitas no fueron en el Nuevo Reino los grandes impresores que algunos pretenden, limitándose su actividad a la producción durante algunos pocos años de pequeñas hojas sueltas y algún novenario, por fuera de lo cual no se conoce ningún tipo de producción editorial significativa salida de tal imprenta hasta la fecha de su expulsión en 1767.” (Silva, 2003:14).


Sin embargo, en Cartagena de Indias también se tiene noticias de una imprenta que funcionaba a cargo de un hombre llamado José de Rioja, quien publicó una novena –no se sabe si por encargo o por cuenta propia- hacia el año de 1769, dos años después de la expulsión de los Jesuitas que había traído como consecuencia la confiscación de sus bienes, entre ellos la “imprentilla” que funcionaba en el Colegio Máximo. En todo caso, algunas noticias brindan la posibilidad de afirmar que José de Rioja vendió su imprenta hacia el año de 1773 a un impresor venido de España de nombre Antonio Espinosa de los Monteros, quien viajará a Santafé por orden del Virrey Manuel Antonio Flórez para establecer la imprenta oficial del reino, en donde se imprimirá la
Gazeta de Santafé (1785) y el Papel Periódico de la ciudad de Santafé (1791) (Silva, 2003:14-15).

La aparición de la prensa: un acontecimiento ilustrado

Con la llegada del Virrey Manuel Antonio Flórez a la ciudad de Santafé en 1777, empieza una transformación en la organización social de Nueva Granada, debido a la implementación de la imprenta como medio de regulación y ejercicio del poder monárquico. Para éste Virrey, la implementación de la imprenta era una necesidad que sufría el Reino para poder llevar a buen término el control del territorio y la población, además era una herramienta importante para la instrucción de la juventud; de esta manera, “sin la imprenta el proyecto de control y “civilización” de la población que supone un gobierno central habría resultado impracticable” (Nieto, 2009:19).

La aspiración del Virrey Flórez de poseer una buena imprenta para el ejercicio del reino, tuvo que consolarse con una imprenta formada con las antiguas piezas que aún servían de la imprenta de los jesuitas y con unas piezas y letras de molde nuevas traídas desde España sin el mayor gusto de la corona; aún así, dio inicio a la impresión de algunos carteles y avisos en donde se informaba sobre los ideales del gobierno, las continuas pestes que azotaban a la población, la ordenes de impuestos etc.

“Queda desde luego pendiente la pregunta, muy difícil de responder, de la eficacia de estos usos de la imprenta en el marco de una sociedad predominantemente analfabeta –punto sobre el que volveremos más adelante-, pero de todas maneras puede decirse desde ahora que el analfabetismo no era absoluto, y que las formas de lectura colectiva parecen haber sido la manera obligada a partir de la cual circulaban estos mensajes, destacando dentro de estas formas de lectura pública colectiva, como lo habíamos señalado, la que hacían los pregoneros con los que contaban todas las ciudades y pueblos, y posiblemente aun más la que desarrollaban desde los púlpitos los sacerdotes y frailes, pues en la lucha contra la enfermedad y en la difusión del nuevo ideario de la salud pública(…)”. (Silva, 2003:17)

Sin embargo, muy pronto la imprenta empezó a ser un temor constante en todo el reino, debido a la insurrección que había sucedido en 1781 conocida como
Revolución de los Comuneros, “(…) de tal manera que no dejó de rondar como un fantasma la aparición del Papel Periódico de Santafé de Bogotá, y todas las iniciativas de fundación de imprentas y de publicaciones periódicas, las que serían sometidas a estricta vigilancia de las autoridades.” (Silva, 2003:19).

Un escenario privado en la conformación del espacio público

Los llamados criollos ilustrados eran un grupo de personas que tenían el privilegio de haber asistido a la universidad y en muchos casos de poseer grandes fortunas que le permitían adquirir libros y otros bienes escasos en la Nueva Granada. La mayoría se dedicaban al comercio u ocupaban grandes cargos administrativos gracias a la cercanía que tenían con el virreinato y las altas familias neogranadinas, es decir, estos personajes ilustrados lejos de ser opositores del gobierno Español, afirmaban su mandato y se identificaban con él[
[2]]].

Estas personas en comunidad empezaron a crear escenarios de socialización diferentes a las plazas e iglesias que contenían la vida “pública” –en el sentido de sociedad- y empezaron a crear formas de conocimiento diferente basadas en la discusión y comunicación de ideas de libros y prensa. Hay que recordar las famosas asociaciones estudiantiles que en el año de 1790 eran un problema mayor de los rectores universitarios puesto que estaban organizando un sistema de educación alternativo, y que además, activo la crítica en la ciudad a través de los pasquines que se pegaban en toda las calles de Santafé en las noches, donde criticaban algunos funcionarios de la administración y algunas leyes.

En todo caso, las tertulias activaron un escenario privado donde lo público empezó a ser un tema de discusión colectiva e importante. A través de la lectura común, los ilustrados en estas reuniones que se acompañaban de bebida y comida, compartían el conocimiento y sus ideas sobre los asuntos de la ciudad y de orden científico, era un escenario más amplio que las cartas que mantenían circulando entre ellos, donde se comentaban en forma amigable sus dudas, pensamientos, descubrimientos, desgracias, etc. Puedo afirmar, precisamente que la distinción que existe entre la comunicación epistolar y las tertulias se encuentra en que el primer escenario es “cerrado”, privado e intimo y, por lo tanto, no podía tener una incidencia más allá que en su amistad. Todo lo contrario sucede con las tertulias, éstas son un escenario “abierto” donde lo público toma importancia y la discusión no es intima sino compartida. De ahí, que las tertulias sean el escenario de donde emerge el espacio público que se expresa y se construye en la prensa. No es de extrañar que los lectores del Papel periódico de Santafé de Bogotá sean los mismos que escriben y difunden sus ideas[[[¨3]]].


Además, las tertulias posibilitaron una ampliación en la difusión del periódico e incluso éste promocionó varias de las tertulias que se celebraban en la ciudad de Santafé, “(…) el
Papel periódico no sólo promocionó algunas de las tertulias del virreinato, o por lo menos informó de su existencia, además de encontrar en ellas un soporte, sino que de manera directa difundió y promovió las actividades de una de ellas, la famosa tertulia santafereña conocida con el nombre de “Eutrophelica”.” (Silva, 2004: 38). La aparición del Papel periódico no puede separarse de las tertulias ya que permitieron la creación de las condiciones sociales para el mantenimiento de la publicación periódica y generaron un público ilustrado que veía en el impreso una manera de construir comunidad, “Podremos estar de acuerdo entonces que el Papel periódico produjo una relación activa con el público, permitiendo la difusión, bajo ciertas condiciones, de algo tan importante como pueden ser las formas colectivas de lectura, fomentando polémicas y creando un notable interés por el periódico y su suerte.” (Silva, 2004:39).






Bibliografía

NIETO, Mauricio (2009)
Orden natural y orden social: ciencia y política en el Semanario del Nuevo Reino de Granada. Ediciones Uniandes: Bogotá.
SILVA, Renán (2002)
Los ilustrados de Nueva Granada 1760-1808. Banco de la República: Medellín.
(2003)
El periodismo y la prensa a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX en Colombia. En: Documento de trabajo Nº 63, Universidad del Valle: Cali.
__ (2004)
Prensa y revolución a finales del siglo XVIII. Contribución a un análisis de la formación de la ideología de Independencia nacional. La carreta Editores: Medellín.


[[1]] “(…)En América Hispana fueron muy comunes las imprentillas, pequeñas cajas móviles de letras que permitían la reproducción de un corto número de pequeñas hojas sueltas en donde se imprimían noticias diversas, casi siempre libelos acusatorios contra algún funcionario virreinal de origen español, informaciones sobre fiestas religiosas, sobre sermones y procesiones, invitaciones a actos académicos de “sustentación de conclusiones” –especies de exámenes públicos finales que presentaban los estudiantes universitarios- o calumnias (que también se imprimieron) contra cualquier vecino o grupo familiar con el cual se tenía una diferencia o se enfrentaba un pleito.” (Silva, 2003:13).
[[2]] La historiografía nacional ha hecho pensar que los ilustrados eran personas independistas desde sus inicios e incluso portadores de la semilla de la revolución. Para esto ver SILVA, RENAN “Los ilustrados de Nueva Granada 1760-1808” Banco de la República: Medellín.
[[
[3]]] Mauricio Nieto en su libro Orden natural y orden social. Ciencia y política en el Semanario del Nuevo Reino de Granad, ha mostrado como los ilustrados encuentran en la prensa la forma de expresar y producir una comunidad que se autoproclama de “luces” y se legitiman como portadores del proyecto ilustrado.